Liderazgo
"La inteligencia artificial va a hacer muchas cosas por nosotros en las décadas que están por venir, reemplazará a los humanos en muchas tareas, pero hay una cosa que no será posible que haga y es construir una conexión persona-persona. Si querés prosperar en la era de la inteligencia artificial, más vale que te vuelvas excepcionalmente bueno conectando con los demás." -David Brooks
En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo imparable, es fácil imaginar un futuro dominado por máquinas, inteligencia artificial y automatización. Pero los datos, investigaciones y experiencias nos dicen algo diferente: el futuro no solo necesita humanos, necesita humanos preparados, empáticos y capaces de liderar en un entorno en constante cambio.
Nuestra esencia como seres sociales demanda conexión con otros y para lograrlo, debemos desarrollar habilidades esenciales como la comunicación efectiva, la construcción de acuerdos y la solución de conflictos. Estas son las herramientas que nos permitirán destacar en un mundo cada vez más automatizado.
Un cambio de paradigma: la importancia de lo humano
En un reporte reciente del World Economic Forum (WEF) sobre el futuro del trabajo destaca que, aunque la automatización y la inteligencia artificial están remodelando el panorama laboral, las habilidades más demandadas en los próximos años son profundamente humanas. Entre las más valoradas están el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía y la capacidad de liderar en momentos de incertidumbre.
Sin embargo, las empresas enfrentan un desafío crítico. Según el Chartered Management Institute (CMI), el 82% de los líderes en el Reino Unido carecen de formación formal en liderazgo. De este lado del mundo, la realidad no parece ser muy distinta.
El estudio también revela que 1 de cada 4 personas ascienden a roles de liderazgo sin la capacitación necesaria, lo que provoca que el 33% de los colaboradores consideren dejar sus puestos en menos de un año. Esto refleja una realidad preocupante: las personas no renuncian a sus trabajos, renuncian a sus líderes.
El vacío de formación en habilidades humanas impacta no solo en la moral y el compromiso de los equipos, sino también en los resultados económicos de las organizaciones.
El impacto del liderazgo humano
"Nunca pensarías en volar un avión sin haber ido a la escuela de pilotos. Ser capaz de ver a una persona es aún más difícil. Si vos y yo estamos tratando de relacionarnos con otros de manera empírica, no no estaremos viendo los unos a los otros tan profundamente como deberíamos." -David Brooks
Las organizaciones que invierten en la formación de líderes muestran un aumento del 23% en su desempeño y un 32% en la productividad de sus empleados. Esto se debe a que un liderazgo humano no solo se centra en los resultados, sino también en las personas. Este enfoque crea entornos donde los equipos encuentran confianza, propósito y apoyo.
En nuestra experiencia, vemos constantemente a líderes enfrentando frustraciones: lidiar con personalidades diversas, manejar sus propias inseguridades y trabajar en entornos donde las emociones no siempre se gestionan adecuadamente. Es aquí donde nosotros apoyamos, acompañando a líderes comprometidos con asumir su responsabilidad y transformarse para liderar de manera efectiva con nuestros programas.
Un caso inspirador es el de un líder que, mientras se formaba con nosotros en comunicación humana, enfrentó una conversación de feedback particularmente desafiante con uno de sus colaboradores más complejos. Con empatía y claridad, abordó el tema, logrando que el mensaje, aunque crítico, fuera bien recibido. El resultado fue un colaborador agradecido, comprometido con mejorar y alineado con las expectativas del equipo, y un líder satisfecho por haber generado un impacto positivo y tangible en su entorno laboral.
El valor de invertir en lo humano
A pesar de los avances tecnológicos, las empresas que priorizan lo humano obtienen mejores resultados. El reporte del WEF destaca que las habilidades relacionadas con el liderazgo, la comunicación y la adaptabilidad serán esenciales para enfrentar los desafíos del futuro. Además, invertir en el desarrollo de estas habilidades no solo beneficia a las organizaciones, sino también a la sociedad por consecuencia.
Debemos entender que la tecnología es una herramienta, no un sustituto. El futuro no le pertenece a las máquinas sino a los humanos que se sepan adaptar y para ello vamos a necesitar de más humanos para apoyarnos y avanzar. Los líderes que adoptan una visión humanista logran combinar lo mejor de la tecnología con el potencial de los miembros de su equipo para crear organizaciones resilientes, innovadoras y sostenibles.
¿Cómo construir un futuro humano?
Para hacer las cosas diferentes necesitamos de líderes capaces de inspirar, conectar y guiar a otros con una visión clara y compartida. Esto implica dominar el comportamiento humano, comprender el funcionamiento del cerebro, gestionar emociones, influir de manera positiva y aprovechar el poder del lenguaje.
Para ello necesitaremos:
Formación continua: Implementar programas de desarrollo que fortalezcan habilidades humanas clave, como la empatía, la negociación y el pensamiento crítico.
Feedback efectivo: Saber dar y recibir feedback efectivo. Crear una cultura donde el feedback sea una herramienta de crecimiento y no un instrumento de crítica.
Liderazgo Consciente: Promover líderes que sean apoyados para asumir sus roles con las herramientas necesarias. Líderes conscientes del impacto de su rol en la organización, en cada individuo y en el mundo.
Adaptación a la tecnología: Promover el uso de la tecnología para potenciar, no reemplazar, las habilidades humanas.
El futuro del trabajo no será definido por las máquinas, sino por cómo elegimos aprovecharlas para avanzar en nuestros objetivos. Ese futuro soñado se construye ahora mismo y el liderazgo humano es el puente hacia un mañana más productivo y con mayores oportunidades para liberar el potencial de todos aquellos que lo deseen.
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Jorge
Comunicacion
Marcos mentales: la raíz de toda comunicación efectiva
Hay una ilusión muy extendida en el mundo del desarrollo personal y el liderazgo: la idea de que aprender una técnica es suficiente para cambiar. Que si alguien te da los cinco pasos para dar feedback efectivo, o la fórmula para hablar en público con confianza, o el método correcto para tener conversaciones difíciles, algo en vos va a transformarse de manera duradera. A la hora de las horas, sabemos por experiencia que la historia es otra. La mayoría de las personas que buscan mejorar su comunicación o su liderazgo ya saben, en algún nivel, qué deberían hacer— han leído libros, tomado cursos, escuchado podcasts— y aun así, en el momento decisivo, algo falla. Dicen lo que no querían decir. Se bloquean. Reaccionan de una forma que después no comprenden. Se sabotean, sin poder explicar por qué. Esa brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos no es un problema de información sino de marcos mentales.
Filosofía Estoica
Cómo diseñamos la vida que después no queremos vivir
Te despertás. No por voluntad, sino por la alarma. La apagás y, antes de abrir los ojos del todo, ya estás en Instagram. No porque querés, sino porque el correo, Slack y WhatsApp te van a recordar que tu día no te pertenece. Necesitás unos minutos de anestesia antes de enfrentarte a lo que viene. Te bañás sin estar presente. El agua cae y vos estás calculando cuánto tráfico hay, cuánto falta para la reunión, cuántas formas tiene ese día de salir mal. Todavía no pasó nada y ya estás agotado. Así empieza un lunes cualquiera. Y un martes... un jueves. Entonces llega una pregunta constante, sobre todo en los momentos más incómodos del día: ¿para qué estoy aquí? No de forma filosófica-romántica. Sino que duele. Y aparece entre correos, mientras esperás a que cargue una página, mientras alguien habla en una reunión más que no te importa. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué me tocó esta vida?
Mentalidad
El fenómeno del silo: el lado oscuro de quedarnos cómodos en las mismas conversaciones
¿Alguna vez te has enojado tanto con una opinión ajena que te preguntaste cómo es posible que alguien piense así? ¿Cuándo fue la última vez que te sorprendió descubrir que "la mayoría de la gente" piensa completamente diferente a vos y a tu círculo? ¿Y si te dijera que esa indignación, esa sorpresa constante, es una señal de alarma de que estás viviendo en una burbuja más pequeña de lo que creés? La noche de las elecciones presidenciales de 2020, sentado frente a la pantalla mientras los resultados iban apareciendo, sentí algo que no había anticipado: sorpresa genuina. Estaba convencido —completamente convencido— de que era imposible que un pastor evangélico pudiera siquiera acercarse a la presidencia de Costa Rica. Sin embargo, ahí estaban los números: mucho más cerca de lo que cualquiera en mi círculo había imaginado.
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