Comunicación

Domingo por la mañana, me levanto a hacer mi café. Esta vez pongo música, suena de fondo el ensamble de Milo J. con Agarrate Catalina, y mientras escucho algo se enciende en mí, algo que me hace sentir parte de eso que se está gestando, de esa forma de arte, de esos acordes, esas letras, ese ritmo que me recuerda la música que tanto disfrutamos aquí en otra parte del mundo —mismo continente—. Extrañamente, se siente familiar, me recuerda que no estamos tan separados. Atesoro la emoción de la conexión, siento mi piel de gallina, gratitud y unas lágrimas que me recuerdan que soy parte del todo, y Milo J. canta "soy una gota de un paño gigante".
Eso que sentí tiene nombre. Daniel Siegel lo llama el sentido 8 de la neurobiología interpersonal: el sentido de conexión. El que nos hace saber que pertenecemos a algo más grande, más allá de los límites de nuestra propia piel. No somos ellos y nosotros, sino nosotros siendo parte de la energía del presente y la energía que perdura y no se destruye.
Vos lo has sentido también. Cada vez que te has desvanecido en un beso. Cada vez que te has perdido en el tiempo en una conversación. Cuando te has dejado ir al ritmo de la música en un concierto. Cuando te permitiste estar presente para un evento masivo religioso, espiritual o celebratorio. Ese momento en el que te olvidaste de tu pequeño rincón del universo y sentiste que pertenecías a algo más.
Ese sentido puede salvar al mundo. Construir relaciones poderosas. El sentido que puede salvar equipos. Y hacernos vivir en armonía.
Porque nacimos sociales, con un sistema nervioso listo para ser regulado en comunión con otras personas. Cuando nos abrimos a las posibilidades, dejamos que la energía fluya, nos abrimos a otras opiniones, realmente estamos presentes, sentimos, acompañamos, escuchamos, jugamos, preguntamos e interactuamos con la intención de construir una realidad compartida.
Eso es comunicación.
"Si el Sol está solificándose. Y la Luna vive lunizándose. ¿Por qué no humanizarme?"
Como dice la canción.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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Antes de tener una conversación difícil
La incomodidad que sentimos ante un desacuerdo es una respuesta natural pero primitiva. Cuando la activación emocional se enciende, lo primero que se pierde es la capacidad de pensar. Es cuestión de supervivencia. En ese estado, cada uno defiende su opinión como si fuera La Verdad, con mayúscula, y el otro se convierte en un obstáculo, una amenaza. Y por más absurdo que nos parezca al verlo de manera racional, la realidad es que nuestro sistema nervioso se activa como si estuviéramos en peligro de muerte, si no nos percatamos de nuestros sesgos y seguimos percibiendo el mundo en blanco y negro. Una opinión que no nos guste podría ser el disparador de un sistema nervioso limitado a pelear o huir, como si tuviéramos un león enfrente. Quiero proponerte una idea que va contra nuestro instinto: si querés influir en alguien durante una conversación difícil, el primer trabajo ocurre dentro tuyo, antes de abrir la boca.

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Los 3 Factores de Actualización de la Mente
La raíz del sufrimiento es que queramos que las cosas sean diferentes, pero la estrategia más peligrosa del sufrimiento es no creer que somos capaces de hacer algo al respecto. Pienso específicamente en el caso de una de mis estudiantes, quien es la encargada de un departamento financiero de una empresa muy grande, pero parte de sus procesos dependen de firmas de directores y otros de los trabajos de su equipo. Entonces, su nivel de querer que las cosas salieran a su manera y de manera perfecta la hacía asumir más trabajo de la cuenta en vez de comunicar, dar feedback, delegar o pedir. A veces necesitaba la firma de su jefe y su jefe no la había firmado cuando ella lo requería según sus expectativas. Con frustración, obviaba el hecho de que su jefe probablemente estuviera en otras reuniones y con un montón de cosas más que hacer, pero su mundo se reducía a lo que ella quería lograr.

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Lucía y su última sesión de Mind Coaching
Tras semanas de pausa forzada a causa del desgaste profesional (burnout), Lucía (nombre ficticio) volvió a conectar conmigo en una sesión de mentoría como parte de su proceso de Certificación como Líder en Comunicación Humana. Iniciaba su reintegro laboral poco a poco, y apenas empezando su sesión ya me compartía una primera lección reveladora: aquella entrega "urgente" que la llevó a su colapso había permanecido intacta durante mes y medio sin que la empresa se derrumbara. Ella agradeció haber dado el paso a nuestra formación en su momento, y ahora se aferraría a las herramientas de nuestro modelo de comunicación para entender qué la llevó a quemarse y cómo hacer las cosas mejor. Entonces, en lugar de permanecer en la pasividad, Lucía rearmó su mundo interior trabajando en su presupuesto de energía, su diario emocional y su esfera de poder.


