Mentalidad

"El verdadero carácter es revelado en tiempos difíciles. Cuando lleguen los problemas pensá de vos mismo como un luchador, a quien Dios le ha asignado, como si fuera un entrenador, un oponente joven y fuerte. ¿Para qué? Para convertirte en competidor digno de las olimpiadas." —Epicteto
Más allá de un campeonato o los ídolos
Lo mío no es el futbol, sin embargo hubo una historia que me cautivó y no pude quedarme con las ganas de compartir mis reflexiones.
¿Estamos de acuerdo en que el mundial pasado estuvo épico y que la final fue una de los mejores eventos deportivos de todos los tiempos?
Estuve viendo el documental "Elijo Creer" en la plataforma Max, en el que Ricardo Darín narra el viaje que tuvo la selección argentina de futbol para ganar el mundial de Qatar 2022 y esto me puso a pensar en que es fácil dejar en el consciente el hecho de los resultados y así mismo olvidar el proceso que nos puede dar una pista de lo que se requiere para lograr grandes cosas.
Perder el primer partido después de 36 encuentros invictos no estaba en el guion de un futuro campeón. Argentina cae ante Arabia Saudita y, por un instante, todo el relato épico parece desmoronarse, las ilusiones de los aficionados parecen apagarse y el mundo entero pierde esperanza en que esta vez, la Argentina de Messi, sí lo logre.
Esta no fue la típica historia de “motivación a tope”, sino la demostración de que un equipo con una causa más grande que sí mismo es capaz de reencuadrar el error y el fracaso para usarlo a su favor. Esto es liderazgo. Esto es cultura. Y eso aplica igual en la cancha que en la vida y los negocios.
El obstáculo es parte del camino
Es fácil perder la motivación cuando ponés expectativas rígidas sobre los resultados. "Ganar y sólo ganar sería demasiado fácil y ya esto perdería sentido", decía el Director Técnico Lio Scaloni. Un tropiezo temprano revela lo que realmente sostiene a un grupo: ¿el ego o el propósito? Cuando todo empieza a tambalearse, el discurso vacío se cae y aflora la verdad. En Qatar, el golpe del primer partido no rompió al equipo; lo organizó.
En los negocios, la primera gran pérdida —un cliente clave, una campaña fallida, un lanzamiento que no despega— cumple la misma función: obliga a volver a lo esencial, a la causa más grande para seguir en el camino.
La causa que es más grande que el individuo
Sí, cada jóven jugador quería su Mundial. Pero había algo más: ayudar a Messi a cerrar un ciclo histórico. Ese tipo de propósito compartido —ayudar a que “él” gane para que “todos” ganen(una nación, un equipo, un hito histórico)— trasciende cualquier KPI.
En las empresas, cuando el objetivo es meramente numérico, la motivación se erosiona en la primera curva inevitablemente, pero cuando la meta representa una identidad, una historia que vale la pena contar y recordar, la energía se multiplica.
Preguntáte:
¿Cuál es el “Messi” de tu organización? No la persona, sino el símbolo.
¿Qué historia estamos creando si logramos esto juntos?
Liderazgo que inspira desde la humanidad, no desde la perfección
Messi falla su primer penal del torneo. En vez de esconderse, agradece el error porque lo obligó a ajustar su estrategia. El líder que se muestra humano, que reconoce sus fallos y los convierte en aprendizaje visible, genera permiso para que el equipo experimente, itere y se haga responsable. Vulnerabilidad estratégica: ni víctima, ni superhéroe; humano que aprende en público y en tiempo real.
Argentina no ganó solo por talento, sino por una secuencia de pequeñas decisiones acertadas: cambios tácticos, ajustes emocionales, penales pateados con cabeza fría. En las organizaciones, el propósito se sostiene en rituales: reuniones que empiezan con claridad, feedback que se da a tiempo, celebraciones que refuerzan comportamientos deseados, pausas para respirar antes de reaccionar. La inspiración sin estrategia no nos lleva a ningún lado.
La final histórica: Nada está asegurado
"Algunas cosas dependen de nosotros, otras no. Dentro de lo que sí depende está nuestra actitud." —Epicteto
2–0, 2–2. 3–2, 3–3. Tanda de penales. No hay guion más claro de que el control absoluto es un mito. El liderazgo, el esfuerzo, el talento no elimina la incertidumbre sino que nos enseña a bailar con ella— estar cómodos en la incomodidad. Prepararse es cultivar la adaptabilidad, el foco y la calma bajo presión. Sin claridad de lo que está en nuestro control, nace la ansiedad y la distracción.
En tu negocio, ¿qué tan preparado está tu equipo para volver al plan B (o C) sin perder el foco? ¿Tenés una estrategia que le de claridad para los momentos de crisis, o improvisan cada vez?
5 principios accionables para la vida
Define un propósito— "un para qué", no eslogan.
Normalizá el error rápido y visible.
Rituales que anclen la cultura.
Liderazgo con humanidad y disciplina.
Celebrar la resiliencia, no solo el resultado.
Preguntas para tu equipo (y para vos)
¿Qué nos une más allá del bonus o la meta trimestral?
¿Dónde necesitamos fallar más rápido para aprender más rápido?
¿Qué ritual deberíamos instaurar mañana para sostener nuestra visión?
¿Qué tensión estamos evitando por miedo al conflicto que, si la abordáramos, nos alinearía mejor?
¿Cuál fue nuestro “Arabia Saudita” este año y qué podemos aprender que aún no hemos integrado?
El camino nunca es recto. Los resultados, jamás garantizados. Pero un propósito que trasciende y un liderazgo que se hace cargo de crear contexto —emocional, estratégico y operativo— elevan el desempeño colectivo incluso cuando el marcador se complica. Un negocio que opere sin estrategia y una historia que le sostenga, difícilmente gozará de las maravillas de un colectivo comprometido y el avance imparable hacia las metas más grandes. Pero sobre todo, de disfrutar el día a día.
En el fondo, decidir creer no es un acto ingenuo es la evidencia de la inspiración que nos lleva a los lugares más lejanos, aún cuando de camino nos topamos con la adversidad. Y eso, en cualquier cancha, es lo que cambia la historia.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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Opinar es Gratis
Recuerdo una época en la que el conflicto me paralizaba. Quería tener una voz y no sabía cómo expresarla. Admiraba a aquellos que escribían columnas. Recuerdo a Diego Delfino desde tiempos de 89 decibeles escribiendo y ofreciendo su posición con contundencia. Me encantaba la idea de tener conversaciones y ofrecer diferentes puntos de vista y ayudar a otro a ver algo que no había visto, pero había una parte de mí que no había entendido: que el lenguaje era imperfecto y que no se trataba de ganar o perder. Y justamente eso hizo que antes me fuera prácticamente imposible sentirme seguro al comunicarme. Por mucho tiempo pasé asqueado y con tremenda aversión a la cultura digital de opiniones superficiales, sesgadas, acaloradas y amarillistas. Simplemente siendo parte del cóctel de la popularidad para generar roncha, obtener likes y encontrar validación a través de una posición que dejaba a otro en falta o en ridículo: una réplica absurda de lo que vemos en el mundo político, quizás.

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¿Y qué es lo mejor que puedo hacer al respecto?
En el 2014, siendo gerente en una empresa de telecomunicaciones, con un equipo a cargo y mi primer matrimonio (el cual no duró demasiado), me encontraba constantemente con situaciones en las que no lograba transmitir mis ideas ni en la oficina ni en mi casa. No sabía dar feedback, no sabía expresar mi opinión, le huía a cualquier conversación incómoda con tal de, según yo, "llevar la fiesta en paz". El resultado era todo lo contrario. Sentía que cada cierto tiempo me reventaba una bomba en la cara. Y era sumamente frustrante. Ese año tomé una decisión que en el momento no parecía gran cosa. Dejé de quejarme de los otros y empecé a preguntarme qué podía hacer yo. Qué puedo hacer yo para que esto sea diferente. Qué puedo hacer yo para mejorar mis habilidades. Qué puedo hacer yo para influir en el cambio de mi propia vida. Con esas inquietudes empecé a formarme en coaching ejecutivo, neurociencias aplicadas y crecimiento personal, mientras seguía de día en el mundo de la ingeniería y la tecnología.

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El peligro de sentirnos obligados a opinar sobre todo
La idea de la estupidez se diferencia fundamentalmente de la ignorancia: un estado que, cuando se reconoce, puede convertirse en una virtud. Responder "yo no sé" es muy diferente a "no me importa y no quiero saberlo". Porque esto último estaría entrando en el mundo de la estupidez. La teoría sobre la estupidez y su peligro para la sociedad fue propuesta y desarrollada de manera profunda por el teólogo y filósofo alemán Dietrich Bonhoeffer en cartas y diarios escritos desde su celda de prisión en 1943, mientras participaba en la resistencia contra el régimen nazi. Bonhoeffer planteó la idea de que la estupidez es una amenaza para la civilización mucho mayor que la maldad misma. Para comprender su propuesta, es necesario diferenciar la estupidez de otros conceptos afines.


