Mentalidad

En el 2014, siendo gerente en una empresa de telecomunicaciones, con un equipo a cargo y mi primer matrimonio (el cual no duró demasiado), me encontraba constantemente con situaciones en las que no lograba transmitir mis ideas ni en la oficina ni en mi casa. No sabía dar feedback, no sabía expresar mi opinión, le huía a cualquier conversación incómoda con tal de, según yo, "llevar la fiesta en paz". El resultado era todo lo contrario. Sentía que cada cierto tiempo me reventaba una bomba en la cara. Y era sumamente frustrante.
Ese año tomé una decisión que en el momento no parecía gran cosa. Dejé de quejarme de los otros y empecé a preguntarme qué podía hacer yo. Qué puedo hacer yo para que esto sea diferente. Qué puedo hacer yo para mejorar mis habilidades. Qué puedo hacer yo para influir en el cambio de mi propia vida. Con esas inquietudes empecé a formarme en coaching ejecutivo, neurociencias aplicadas y crecimiento personal, mientras seguía de día en el mundo de la ingeniería y la tecnología.
Durante esa época pasó algo que no esperaba: buscando la solución a mi problema, estaba aprendiendo a hacer mejores preguntas, a escuchar mejor a las personas, a salirme de los sesgos que me limitaban en la interacción con otros, a regular mi sistema nervioso para tener una experiencia más agradable sin importar lo que pasara afuera. Y así caí en cuenta de que todo eso me hubiera gustado que me lo enseñaran en la escuela, en el colegio o al menos en la universidad. Y de que no era el único que estaba sufriendo las consecuencias de la ignorancia de cómo lidiar con otros humanos. Pasamos por la vida sin que nadie nos enseñe las habilidades esenciales para entendernos unos a otros, cuando lo que sea que queramos lograr en el mundo requiere de otro ser humano. Ahí sentí mi llamado.
En el 2018 di el paso. Dejé atrás mi carrera en ingeniería, la seguridad del salario, la empresa consolidada que representaba. Entonces, llegaron la ansiedad y el estrés por el futuro incierto, y fueron las conversaciones con mi hermano y con Hilda (mi actual esposa y el amor de mi vida) las que me ayudaron a sostener la decisión. Aunque no estaba dando un salto al vacío —ya tenía el podcast, ya tenía una marca que empezaba a ser reconocida—, cualquier emprendimiento es una gran apuesta y nos reta de maneras que no imaginamos.
En el 2020, Hilda y yo lanzamos la Academia Mind Coach, y con todo el mundo mirando pantallas por el confinamiento, nos empezó a ir muy bien. En el 2021, cegados por la ilusión de todo lo que habíamos logrado, armamos un lanzamiento latinoamericano: invertimos miles de dólares en pauta y contratando profesionales, con la meta de vender cuarenta inscripciones de un programa de $500. Vendimos una. Esa noche Hilda y yo nos quedamos viéndonos, sin palabras. Habíamos perdido miles y miles de dólares, y nosotros como familia lo estábamos pagando. Pero eso no me echó para atrás; fue la cruda realidad, y me tocó volver a una pregunta que constantemente me acompaña: ¿qué aprendo de esto? ¿Cómo sigo adelante?
Hubo un par de golpes más en el camino. Para el 2023 estaba cargando un estrés que no tenía sentido, tratando de lidiar con resultados muy lejanos de mis expectativas, hasta que una conversación con mi mentor, Iván Robles, me puso enfrente lo que yo no estaba viendo, aunque fuera obvio: nadie me estaba obligando a caminar este camino. Lo había elegido yo, no me veía haciendo otra cosa, y podía recorrerlo desde el estrés o desde la diversión. Elegí la diversión. Desde entonces vivo esto con más libertad y gozo, y poco a poco se empezaron a dar los frutos del esfuerzo.
Hoy sigo viviendo de mi propósito y las oportunidades se han multiplicado. Llevo más de seis años enseñando mi modelo de comunicación humana. He grabado cientos de episodios de podcast, escrito muchos artículos, creado contenido que conectó y contenido que falló, horas y horas acompañando a personas en sesiones uno a uno, y he comenzado a escribir mi primer libro. Hoy no estoy solo, tengo un equipo maravilloso de humanos que creen en lo que hago y me ayudan a avanzar en nuestras metas, todos los meses entran estudiantes a la certificación de Líderes en Comunicación Humana. Recientemente, después de más de un año de planificarlo, arrancamos el entrenamiento de más de veinte líderes de uno de los bancos más importantes de la región, con un programa diseñado exclusivamente para ellos. Para entrenarlos en el modelo de La Comunicación Humana.
Pero la validación que más me ha marcado llegó un sábado de estos, de boca de un estudiante. Es project manager y todavía no tiene equipo a cargo. Me dijo: "Jorge, yo sé que el programa está enfocado en managers y directores. Yo no lo soy, pero mi sueño es llegar ahí, y decidí dar el paso porque quiero influir en otras personas de la mejor manera". Cuando lo escuché pensé: "Claro, él entendió". Porque nosotros apoyamos a personas que se quieren hacer responsables del cambio en el mundo, porque así cada una multiplica el cambio en su organización y en la sociedad.
Si estás donde yo estaba en el 2014, aguantando bombas con tal de llevar la fiesta en paz, la pregunta que me sacó de ahí me sigue acompañando: ¿y qué es lo mejor que puedo hacer al respecto?
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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Mentalidad
¿Y qué es lo mejor que puedo hacer al respecto?
En el 2014, siendo gerente en una empresa de telecomunicaciones, con un equipo a cargo y mi primer matrimonio (el cual no duró demasiado), me encontraba constantemente con situaciones en las que no lograba transmitir mis ideas ni en la oficina ni en mi casa. No sabía dar feedback, no sabía expresar mi opinión, le huía a cualquier conversación incómoda con tal de, según yo, "llevar la fiesta en paz". El resultado era todo lo contrario. Sentía que cada cierto tiempo me reventaba una bomba en la cara. Y era sumamente frustrante. Ese año tomé una decisión que en el momento no parecía gran cosa. Dejé de quejarme de los otros y empecé a preguntarme qué podía hacer yo. Qué puedo hacer yo para que esto sea diferente. Qué puedo hacer yo para mejorar mis habilidades. Qué puedo hacer yo para influir en el cambio de mi propia vida. Con esas inquietudes empecé a formarme en coaching ejecutivo, neurociencias aplicadas y crecimiento personal, mientras seguía de día en el mundo de la ingeniería y la tecnología.

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El peligro de sentirnos obligados a opinar sobre todo
La idea de la estupidez se diferencia fundamentalmente de la ignorancia: un estado que, cuando se reconoce, puede convertirse en una virtud. Responder "yo no sé" es muy diferente a "no me importa y no quiero saberlo". Porque esto último estaría entrando en el mundo de la estupidez. La teoría sobre la estupidez y su peligro para la sociedad fue propuesta y desarrollada de manera profunda por el teólogo y filósofo alemán Dietrich Bonhoeffer en cartas y diarios escritos desde su celda de prisión en 1943, mientras participaba en la resistencia contra el régimen nazi. Bonhoeffer planteó la idea de que la estupidez es una amenaza para la civilización mucho mayor que la maldad misma. Para comprender su propuesta, es necesario diferenciar la estupidez de otros conceptos afines.

Mentalidad
¿Se puede alcanzar el éxito sin estrés?
El estrés es un estado necesario para sobrevivir. Cuando nos estresamos liberamos un cóctel de químicos que nos permiten atender la situación de la mejor manera para evitar cualquier amenaza. Nuestro cuerpo funciona distinto, el estómago deja de producir los jugos gástricos necesarios para digerir la comida, sus paredes se constriñen, nuestras pupilas se dilatan, nuestros esfínteres se cierran, nuestra sangre se llena de cortisol y adrenalina que se dirige hacia nuestras extremidades para pelear, huir y algunas veces, paralizarnos. El estrés es una respuesta fisiológica a un entorno impredecible que puede poner en riesgo nuestra vida.


