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El peligro de sentirnos obligados a opinar sobre todo

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jorge chaverri mentalidad y comunicación política filosofía

Sobre la posverdad, el bullshit y la filosofía de la estupidez

"La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad". —Dietrich Bonhoeffer


El 24 de abril de 2026, en la actividad con la Federación Alianza Evangélica, Rodrigo Chaves, expresidente y hoy ministro de la Presidencia y de Hacienda, declaró que Costa Rica ya había "recuperado" los poderes Ejecutivo y Legislativo y que "nos falta el Poder Judicial". Prometió esforzarse para "recuperar" también ese poder. Esta es probablemente la declaración institucionalmente más delicada de todos sus mensajes pirotécnicos, porque presenta al Poder Judicial como el objetivo político pendiente después de ganar los otros dos poderes.

He estado investigando sobre el fenómeno de la posverdad (narrativas circunstanciales en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones emocionales y las creencias personales) y esto me llevó a conectar con la filosofía de la estupidez.

Quiero aclarar que este quizás sea el artículo con más tintes políticos que jamás haya escrito. Sin embargo, estaré utilizando la situación política actual con fines filosóficos, revelando inevitablemente mis puntos de vista morales.

La idea de la estupidez se diferencia fundamentalmente de la ignorancia: un estado que, cuando se reconoce, puede convertirse en una virtud. Responder "yo no sé" es muy diferente a "no me importa y no quiero saberlo". Porque esto último estaría entrando en el mundo de la estupidez.

La teoría sobre la estupidez y su peligro para la sociedad fue propuesta y desarrollada de manera profunda por el teólogo y filósofo alemán Dietrich Bonhoeffer en cartas y diarios escritos desde su celda de prisión en 1943, mientras participaba en la resistencia contra el régimen nazi. Bonhoeffer planteó la idea de que la estupidez es una amenaza para la civilización mucho mayor que la maldad misma.

Para comprender su propuesta, es necesario diferenciar la estupidez de otros conceptos afines según el autor:

  • No es insensatez (foolishness): Cometer un acto imprudente o descuidado (como poner combustible equivocado en un automóvil).

  • No es falta de capacidad cognitiva: Tener dificultades naturales para realizar ciertas tareas complejas (como ensamblar un mueble prefabricado).

  • No es ignorancia: No conocer un dato o hecho debido a la falta de educación, algo que se resuelve simplemente investigando la información correcta.


Los tres elementos de la estupidez según Bonhoeffer

Bonhoeffer define la estupidez como un defecto moral y cívico compuesto por tres elementos esenciales:

  1. Tercerizar el pensamiento crítico: Ocurre cuando renunciamos a nuestra soberanía intelectual y dejamos que un tercero piense por nosotros. Esto puede ser un padre, un profesor, un partido político o, de forma muy común hoy en día, la tecnología y las inteligencias artificiales para resolver dilemas morales o decisiones existenciales.

  2. Ignorancia voluntaria (Amathia): Este concepto —que Bonhoeffer hereda de tradiciones clásicas que se remontan a Sócrates, Platón y Aristóteles— se define como la ignorancia activa. Ocurre cuando una persona no solo desconoce la verdad, sino que se niega a tomar medidas para resolver su falta de conocimiento, celebrando su propia ignorancia y rechazando o ridiculizando a quienes sí conocen la evidencia. Es, exactamente, el "no me importa y no quiero saberlo" con el que abrimos: la distancia entre no saber y negarse a saber.

  3. Conformismo y pensamiento de grupo: La sumisión a la identidad de una "tribu" o grupo. Cuando el individuo cierra su mente a cualquier alternativa y externaliza su juicio moral, operando en un "estado zombi" que puede ser manipulado fácilmente por líderes malintencionados.


El desafío actual

En la realidad actual, tenemos el desafío del acceso exagerado a la información: información escueta, información superficial, información que viene de diferentes fuentes no revisadas. Esa información nos puede generar a muchas personas la sensación falsa de conocimiento. Más cercano al efecto Dunning-Kruger: creer que sé mucho más de lo que realmente sé. Muchos pueden sentir la obligación de tener una opinión sobre todo y maquillar sus respuestas con piezas de información extraídas de contenido expedito consumido en redes sociales. Cuando no nos autocuestionamos, llegamos a sentirnos dueños de una opinión.

No saber que no sé ya es un problema. Pero creer que sé mucho más de lo que realmente sé, me empuja a algo peor: hablar bullshit. El concepto, a menudo traducido como charlatanería, lo propuso el filósofo Harry Frankfurt en un ensayo publicado en 1986. El "bullshit" se distingue de la mentira porque el mentiroso reconoce la verdad y sabe de su valor; por eso se atreve a doblarla de manera deliberada. Al charlatán, por otro lado, la verdad le da igual. No le interesa si lo que afirma es verdadero o falso; dirá cualquier cosa —real, inventada o distorsionada— que le sirva para lograr sus objetivos inmediatos. Hablar "bullshit" es hablar mierda sin tomar en cuenta la verdad: la verdad fáctica, la que se puede demostrar, la que se sostiene ante el escrutinio.

Y como naturalmente es imposible saberlo todo sobre todas las cosas, muchos recurrimos al bullshit para cumplir con la expectativa social de opinar y no parecer ignorantes. El gran peligro de sentirnos obligados a tener algo qué decir.


Un gobierno con discurso sin verdad

Lo estoy viendo de cerca. En Costa Rica está pasando algo muy grave: el gobierno actual está siendo polarizante. Recurriendo a discursos despreciativos hacia las personas que no se conforman con sus decisiones. Están utilizando conceptos incendiarios, como, por ejemplo, el famoso discurso del "golpe de estado" de la presidenta Laura Fernández.

El viernes 31 de julio de 2026, Fernández calificó una resolución de la Sala Constitucional como:

"Un golpe de Estado de un sector del Poder Judicial contra la Asamblea Legislativa".

Se refería al fallo del día anterior que prorrogó temporalmente el nombramiento de doce magistrados suplentes. La acusación fue dirigida específicamente contra los cuatro magistrados que aprobaron la resolución. La declaración quedó registrada en el mensaje oficial de Casa Presidencial y fue reportada ese mismo día por La Nación.

El 7 de agosto defendió nuevamente sus palabras, aunque reformuló la expresión como "golpe de Estado institucional".

Desde mi punto de vista, este sería su mecanismo para invitar a los otros a unirse a su perspectiva sin que le importe si es preciso o no su uso del lenguaje. Simplemente buscando el efecto de que se hagan las cosas a su manera. A esto, en cualquier otra persona, le llamaríamos un berrinche. Lo que pasa es que un berrinche desde una posición de poder es otra cosa: quien lo hace sabe que tiene influencia y que va a provocar algo en la mente del pueblo. En una posición de poder este tipo de mensajes y arrebatos son sumamente delicados.

El problema político se refleja en la complacencia como grupo. En este momento, si la fracción oficialista no cede en al menos 7 votos, es imposible el avance. Mientras tanto, los diputados de Pueblo Soberano han impedido el nombramiento al rechazar disciplinadamente toda la nómina, utilizando razones cambiantes y sin publicar una evaluación técnica individual de los candidatos. El Ejecutivo ha respaldado públicamente esa posición, aunque la competencia formal corresponda exclusivamente a la Asamblea.

Ahí está el tercer elemento de Bonhoeffer operando. Una fracción que vota en bloque, con razones cambiantes y sin publicar una evaluación técnica de los candidatos, dejó de debatir, pensar o elegir. Simplemente obedece.


Efecto global gracias a redes sociales

Del otro lado del espectro está el charlatán global. He estado investigando al personaje de Andrew Tate. Si no sabés quién es, te pongo al día rápidamente: el hombre más famoso e influyente en el mundo de la "machosfera".

Tate ha logrado infiltrar una narrativa de posverdad en la que habla de "una matrix": un sistema que hace que los hombres sean menos que hombres y que el mundo esté dominado por las mujeres. Ese sistema se ha vuelto en su contra y, por eso, está en la cárcel, obviando el hecho de que tiene más de 50 cargos en su contra. Y obviar 50 cargos exige esfuerzo. Esfuerzo por ignorar activamente. La información está ahí, pública, y el seguidor elige no mirarla. Amathia en estado puro.

En este caso, por ejemplo, si su seguidor simplemente se queda apegado a la narrativa de Andrew Tate pero no explora diferentes fuentes, está cayendo víctima de la posverdad.

Cuando yo simplemente decido que otros me digan cómo es el mundo y no investigo por mi cuenta, eso también es estupidez. El primer elemento de Bonhoeffer, el pensamiento crítico tercerizado a un personaje carismático.

Ahí aparece el fenómeno de apegarme a una narrativa no porque sea verdad, sino porque representa mi ideología, representa mi grupo. Convirtiéndose más en una identidad que en una opinión racional. Ahí existe un nuevo problema.

Y notá que el mecanismo no tiene bandera: opera igual en una fracción legislativa que en la machosfera. La tribu cambia pero el "estado zombi" es el mismo.

¿Podemos vivir verificando absolutamente todo?

Ahora, seamos justos. Sería imposible sobrevivir si tuviéramos que verificar cada cálculo de ingeniería civil o leer cada ensayo clínico por nuestra cuenta. Eso sí, una cosa es usar Google Maps para navegar, y otra muy distinta es utilizar la inteligencia artificial para que decida por nosotros dilemas existenciales o morales. La estupidez en el sentido de Bonhoeffer ocurre cuando delegamos por completo nuestra responsabilidad moral y nuestro examen de conciencia a una entidad externa, ya sea un algoritmo, un grupo o un líder. Cuando adoptamos una postura o una creencia simplemente para "encajar en la tribu", apagamos nuestro pensamiento crítico y entramos en un "estado zombi" de complacencia social en el que somos incapaces de cuestionar nuestras propias inconsistencias. No es estúpido confiar en el médico; lo estúpido es dejar de pensar. La confianza razonable nos permite delegar la ejecución técnica sin entregar nuestra soberanía intelectual y moral.


¿Y entonces qué hacemos?

Aplicarle más el pensamiento filosófico. Como Sócrates, que pasó cuestionando todo de una manera abierta y curiosa, y que también criticó a los sofistas. Esos personajes de la antigua Grecia que hoy podríamos ver en representación de todos los influencers y personas que se muestran en redes sociales con opiniones, con trends, con narrativas emocionalmente atractivas y conspiraciones. La crítica de Sócrates y más filósofos a los sofistas es que ellos no perseguían la dialéctica (la búsqueda de la verdad) sino la notoriedad con sus discursos envolventes.

Creo que lo más sano ante un bombardeo de solicitud de opiniones es conectar con el conocimiento real que uno posee y tener la humildad suficiente para aceptar los límites del mismo; conectar con nuestros valores y reconocer si es necesario saber del tema; si es un tema que de alguna manera afecta nuestra realidad, afecta nuestro entorno, afecta a nuestros seres queridos. Pues si es así, nos toca hacer el esfuerzo de investigar y buscar espacios sanos de exposición a diversas opiniones para nutrirnos de diferentes puntos de vista sin volverlo personal.

Yo intento hacer eso mismo con lo que pasa en mi país. No puedo asegurar que vayamos en dirección a una dictadura. No lo puedo asegurar. Punto. Pero tengo miedo. Sí, tengo miedo. Acepto que no es un hecho que la democracia esté vulnerada en este momento; veo el riesgo basado en evidencia. Y ese riesgo tiene nombre en la ciencia política. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, después de estudiar cómo colapsaron decenas de democracias, documentaron en How Democracies Die que las democracias modernas mueren por etapas, cuando un gobierno niega la legitimidad de sus opositores, los señala con adjetivos descalificativos (como Chaves calificando de "güichos", "masoquistas", "ingenuos" o "aprovechados" a quienes participaran en el plantón convocado para defender la independencia judicial, el pasado 7 de agosto de 2026) y avanza sobre los árbitros del sistema (los tribunales que deciden qué es constitucional y qué no).

Nadie puede predecir con exactitud el final de una democracia. Lo que sí puedo es reconocer los patrones, y los que esos investigadores describen se parecen demasiado a lo que puedo ver con mis propios ojos.

Las crisis existenciales a veces son buenas porque nos ayudan a cuestionar nuestras creencias más arraigadas, algunas que ni siquiera elegimos, algunas que podríamos soltar si las pusiéramos a prueba.

Te pregunto a vos. Si el mundo entero te rechazara por alguna de tus creencias más importantes, ¿qué tan fácil la soltarías? ¿La dejarías ir?

Si nuestra brújula moral nos da para soportarlo, quizás es una creencia con la que nos podemos casar y mantener. Si hay duda, quizás ahí hay algo que vale la pena explorar.

Jorge

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ESCRITO POR

Jorge F. Chaverri M.

Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.

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Con más de 12 años de experiencia en negocios, estrategias comerciales, y más de 8 años ayudando, guiando y asesorando individuos, emprendedores, compañías, atletas y lideres para alcanzar su máximo potencial. Jorge Chaverri es el creador de la marca The MindCoach®, cofundador de la Academia Mind Coach y host de The Mind Podcast.

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