Mentalidad
"Las personas con intenciones estables alcanzan el 60 % de sus objetivos, las inestables apenas el 27 %." — Conner, M. & Norman, P. (2022). Understanding the intention–behavior gap: The role of intention strength. Frontiers in Psychology
Imaginá esta escena: suena tu alarma, arrancás el día con la promesa de “hoy sí”—hoy entreno, como limpio, avanzo el proyecto que tengo pendiente. Llegan los correos, las notificaciones, la reunión que se alarga; entre tarea y tarea vas tachando pendientes. Cuando por fin tenés un hueco, en vez de escribir la primera página de tu idea de negocio, se abre Instagram casi por reflejo y volvés a deslizar el dedo en automático y el tiempo pasa sin darte cuenta. Al acostarte, te invade la sensación: “¿Cómo puede ser que, habiendo hecho tanto, siga sin avanzar en lo que realmente quiero?” "Siento que no hice suficiente", "Siento que no tengo tiempo", etc.
¿Te suena familiar?
Ese abismo entre lo que deseás y lo que ejecutás se llama déficit de intencionalidad. Sin una intención clara, tu cerebro opera en “modo reactivo”: responde a estímulos, busca gratificación inmediata y te hace gastar energía en lo urgente—sin rumbo aparente— no en lo importante. Por eso sentís que tu atención se dispersa como una luz sin enfoque.
La buena noticia es que la intencionalidad actúa justamente como un lente de claridad para perseguir lo que para vos es importante. Nuestro cerebro “enciende” circuitos específicos cuando fijamos una intención clara. Estudios de neuroimagen muestran una mayor activación de la corteza prefrontal dorsolateral (dlPFC), área clave en la planificación y el control ejecutivo, cada vez que decidimos de forma deliberada qué vamos a hacer y por qué. Esa activación prepara la vía de la dopamina que refuerza la conducta orientada a metas, dándole al esfuerzo un sabor de satisfacción anticipada.
Al decidir para qué vas a mover cada ficha, reprogramás tu sistema atencional: la corteza prefrontal filtra mejor las distracciones, la dopamina refuerza los pasos alineados con tu propósito y la ansiedad por “todo lo que falta” se canaliza en la dirección correcta.
El dolor de la postergación no se resuelve con más motivación, sino con una intención que dirige tu atención y enfoca tu energía cada minuto. Y en este artículo te cuento cómo conectar con la intencionalidad y mejorar tu capacidad de prestar atención.
Intencionalidad
La intención proviene del verbo “intentar”. Intentar, significa: Hacer el esfuerzo y los pasos necesarios para realizar algo o lograr cierto objetivo o fin, sin tener la certeza absoluta de conseguirlo.
La intención es el significado que asignamos a una tarea por un futuro en el que tenemos esperanza. La atención en que enfocamos nuestra mente, la intención tiene que ver con— el marco de objetivo, el marco de resultado. Así es como la intención le da dirección a tu atención y dirige tu energía.
De acuerdo al modelo de la Neurosemántica, la intención es un marco mental que ubicás encima de tus estados primarios (deseo, emoción, pensamiento) para orientarlos hacia un fin valioso. No es un simple “quiero” ni la chispa pasajera de la motivación; es la decisión consciente de poner significado y energía en la misma dirección.
Es la combinación entre significado (“esto importa porque…”) con voluntad (“elijo hacerlo a pesar de…”).
No es un deseo difuso (“algún día aprenderé francés”) ni un empujón emotivo (“hoy me siento inspirado”).
Es compromiso auto-impuesto; instala un “para qué” que guía la atención y ordena la conducta.
No es fuerza de voluntad cruda ni disciplina militar. De acuerdo a Michael Hall(co-creador de la Neurosemántica): “La voluntad empuja; la intención atrae”.
Rollo May, en su estudio sobre la voluntad, describía la sinergia perfecta: intención + atención. La intención apunta el láser; la atención lo mantiene fijo. Cuando falta intención no hay problema de "flojera" sino déficit intencional: el láser nunca se enciende y por eso la atención se dispersa. Por otro lado, cuando lográs identificar tu intención, tu cerebro empieza a filtrar estímulos según su relevancia para la intención; lo irrelevante pierde brillo, lo pertinente destaca.
En términos neurológicos, la intención instala un “programa atractor” en la corteza prefrontal:
Selecciona lo importante.
Prioriza decisiones.
Orquesta emociones alineadas (confianza, entusiasmo, paciencia).
Intencionalidad en la vida personal
Vivir con intención es diseñar los días en vez de reaccionar a ellos. Se trata de pasar de la agenda del mundo exterior a la agenda que nace de tus valores. En Psicología Positiva se describe la intención diaria como un “micro-propósito” que incrementa el sentido de significado y la satisfacción percibida.
La práctica es sencilla:
Visualizar el resultado en tu mente primero en la mente, luego en la realidad.
Transformar ese resultado en planes concretos diseña una guía con pequeños pasos accionables que te acerquen a tu objetivo.
Re-anclá la intención cada mañana; preguntáte, ¿qué voy a hacer y para qué lo voy a hacer?.
Las personas que aplican estas micro-rutinas reportan mayor productividad y bienestar en estudios longitudinales. Y, para recordarnos el impacto de las nuestras decisiones, Marco Aurelio nos deja esta joya estoica: “La verdadera buena fortuna es la que vos mismo creás. Buena fortuna: buen carácter, buenas intenciones y buenas acciones”.
Intencionalidad en el lugar de trabajo
Simon Sinek popularizó el mantra “Start with Why” al mostrar que las personas y las empresas más inspiradoras comienzan por definir su propósito antes de hablar del qué o el cómo. En español, ese Why se traduce mejor como “para qué”, porque señala la dirección de la intención, no sólo la causa. Cuando vos aclarás tu para qué, activás exactamente el mismo mecanismo de intencionalidad que describe la Neurosemántica: tu atención se alinea con un significado superior, tu energía está en el camino ideal y cada decisión cotidiana se filtra según su coherencia con ese propósito. En otras palabras, el para qué es la puerta de entrada práctica a vivir —y liderar— con intención.
Cuando un equipo entiende el para qué detrás de un proyecto, se disparan la productividad y la creatividad colectiva. Se trada de alinear propósito con ejecución. Y esto dirige la energía del equipo.
Vivir y liderar con intención
“No hay viento favorable para el barco que no sabe a qué puerto se va”. — Séneca
La intencionalidad no es un truco de productividad, sino un principio de diseño de vida. Al colocar el para qué en el centro, ganás dirección, bienestar y un impacto positivo en tus círculos. O, como me gusta decir en las sesiones de coaching: si tenés clara la intención, podrás dirigir tu energía.
INTENCIÓN -> ATENCIÓN -> ENERGÍA
Te invito a que, desde hoy, diseñés cada día —y cada proyecto— con la poderosa pregunta: ¿Para qué? Y disfrutar de las maravillas de la intencionalidad.
Jorge
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