Filosofía Estoica

"Los dioses te crearon siendo responsable solo por lo que está en tu poder— el uso adecuado de tus percepciones. Entonces, ¿por qué cargar con cosas o temas que no te corresponden? Nada más estarías creándote problemas innecesariamente." —Epicteto
Si lo pensás bien, todo lo que queremos —vivir una buena vida, tener relaciones sanas, crecer profesionalmente, mantener el equilibrio— depende fundamentalmente de una sola cosa: asumir el poder sobre aquello que sí está en nuestro control.
Esta no es una idea nueva. Los filósofos estoicos la propusieron hace miles de años y hoy, sigue siendo una de las herramientas más prácticas para vivir con serenidad y propósito.
Epicteto lo dijo en sus discursos: “algunas cosas dependen de nosotros, y otras no”, tan simple… ¿cierto? pero como decimos muchas veces: "es más fácil decirlo que hacerlo"(la pequeña condena humana de saber más de lo que realmente ponemos en práctica).
¿Pero qué tal si vemos la vida como un campo de entrenamiento?
Los estoicos asumían la vida como un campo de entrenamiento, es decir, tomaban cada día como una oportunidad para ejercitar la mente y fortalecer el carácter. De esta manera todo lo que nos suceda favorece nuestro progreso. Esto es una clave para poner en uso las herramientas que queremos integrar en nuestra vida.
La dicotomía del control
La dicotomía del control, es la famosa idea que propusieron los filósofos para saber en dónde enfocar nuestra atención y de esta manera saber cómo actuar con sabiduría. Ellos dividían el mundo en dos categorías:
Lo que depende de mí: mis pensamientos, mis decisiones, mi actitud, mi respuesta ante lo que ocurre.
Lo que no depende de mí: las opiniones de otros, el clima, el pasado, el futuro, la economía, incluso mi cuerpo en muchos aspectos.
Entrenar esta distinción cambia la experiencia pues nos libera del sufrimiento innecesario que proviene de querer controlar lo incontrolable(prestar atención a las cosas externas) y nos devuelve eficacia para actuar en donde realmente podemos hacer la diferencia.
Una idea que no es pasiva
A veces se malinterpretan estas ideas como una forma de indiferencia: “no me importa nada, solo controlo lo mío”. Pero los estoicos promovían todo lo contrario pues estaban profundamente comprometidos con la vida y los otros.
Marco Aurelio, por ejemplo, lo expresó en sus meditaciones: “Lo que es bueno para la abeja, es bueno para la colmena.” Es decir, cuando un individuo actúa con virtud —con justicia, moderación, coraje y sabiduría—, toda la sociedad se beneficia. Ser estoico no es aislarse, sino contribuir desde nuestro poder.
El poder práctico de esta idea
Aplicar esta idea cambia cómo trabajamos, cómo lideramos y cómo amamos. Cuando dejás de intentar controlar a los demás, podés escucharlos mejor; cuando soltás el miedo al resultado, aparece el gozo por el camino; cuando aceptás que la perfección no existe, surge la constancia para mejorar.
Para entrenar nuestra mente en cada momento y cada día tenemos una oportunidad de elegir que:
No puedo controlar si mi equipo comete errores, pero sí cómo los acompaño a aprender.
No puedo controlar si alguien me entiende mal, pero sí la claridad con la que comunico.
No puedo controlar lo que el mundo trae, pero sí la forma en que entreno mi mente para responder.
No puedo controlar los resultados, pero sí mis estrategias y acciones para aumentar la probabilidad de alcanzarlos.
No puedo controlar si las cosas salen como planeé, pero sí la actitud con la que enfrento los imprevistos.
No puedo controlar si alguien me reconoce o no, pero sí la calidad y la intención con la que hago mi trabajo.
No puedo controlar el ritmo de los demás, pero sí la paciencia con la que acompaño el proceso.
No puedo controlar si una conversación termina bien o mal, pero sí la presencia con la que elijo estar en ella.
No puedo controlar cómo se siente el otro, pero sí la empatía con la que respondo.
No puedo controlar el pasado, pero sí qué significado le doy hoy.
No puedo controlar cuánto tiempo tengo, pero sí cómo lo uso.
Cada vez que enfocamos nuestra atención en lo que sí depende de nosotros, nos convertimos en mejores individuos, y por consecuencia, en mejores colegas, parejas, líderes y seres humanos. Porque al final, vivir bien no se trata de tener el control de todo, pues esto es imposible, sino más bien elegir con sabiduría a qué prestar atención y actuar en congruencia. Así comienza nuestro camino en dirección a todo nuestro potencial.
Jorge

Mentalidad
El Hombre Integrado: Reflexiones sobre masculinidad
Hace tiempo vengo escuchando conversaciones que giran en torno a la preocupación por los hombres en la actualidad. Una amiga que me dice que ya no encuentra hombres que sostengan una conversación profunda. Un cliente frustrado que me confiesa, después de tres sesiones, que no sabe quién es fuera del trabajo. Una madre preocupada que me cuenta que su hijo de veinticinco años lleva dos años encerrado en el cuarto. Una mujer me dice con culpa, que está cansada de ser la que organiza todo, la que sostiene, la que toma decisiones también en su casa y, su esposo que dice que no sabe qué le toca hacer, que cualquier cosa que diga o haga está mal. Mis clientas, profesionales que escalaron a lo más alto en sus carreras, me dicen que ahora que quieren tener pareja, formar familia, se encuentran con que es el único ámbito en el que no tienen éxito. *Ya no hay hombres*. *Ya no encontramos hombres que valgan la pena.* Lo que escucho constantemente, lo que veo en distintas partes, mis estudiantes lo mencionan en las conversaciones sociales, mis clientes lo traen a sesión: **esa sensación generalizada de que los hombres estamos perdidos.** El tema ha estado tan presente en los últimos años que Allan Fernández y yo terminamos dedicándole tres episodios oficiales y todavía queda uno por estrenar en Habladas Filosóficas. También me invitó Johanna Villalobos a su podcast para conversar sobre la pregunta: ¿por qué ya no hay hombres disponibles para tener relaciones de pareja?. Por eso decidí escribir. Porque lo que me preocupa no son las preguntas sino conformarnos con ello como si fuera la realidad que nos toca.

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Si un gran árbol cae en un bosque y no hay nadie cerca, ¿hace ruido? Yo no me inventé esta pregunta que, de hecho, ha desconcertado a pensadores serios durante siglos, y vale la pena entender por qué. Imagino que tu intuición responde de inmediato: claro que sí, hay un estruendo ensordecedor, lo escuche alguien o no. Esa certeza es el punto. Caminamos por la vida confiando ciegamente en que el mundo exterior es exactamente tal cual lo experimentamos. Asumimos sin dudar que la hierba es verde por su cuenta, que el sonido existe solo, que somos receptores pasivos de una realidad ya terminada que nos llega tal cual es. Pues la ciencia nos dice que...

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