Emociones

Para Trascender mis Reacciones

Para Trascender mis Reacciones

jorge chaverri comunicacion mentalidad emociones

"Las personas no se molestan por las cosas, sino por su opinión sobre las cosas." —Epicteto

Existe un modelo para comprender por qué esto sucede y cómo podemos cambiarlo: nuestros comportamientos provienen de emociones, y las emociones provienen de pensamientos. No somos simplemente "personas reactivas" o "impulsivas" por naturaleza inmutable— somos el resultado de marcos que hemos entrenado durante años, sin saberlo, y que ahora operan en automático.

La buena noticia es que no estamos condenados a repetirlos. Podemos actualizar el sistema operativo de nuestra mente, pero esto requiere distinguir entre dos niveles de pensamiento. El primero es el pensamiento automático, la categoría más baja: esos juicios instantáneos, esas conjeturas defensivas, ese diálogo interno que simplemente aparece y que no los elegimos. Son como una vaca rumiando, procesando sin consciencia. La mayoría de las personas vive identificada con este nivel, creyendo que "así soy yo" y que esa es la realidad...

El segundo nivel es el pensamiento reflexivo, la conciencia observadora. Aquí es donde reside nuestro verdadero poder: la capacidad de observar nuestros pensamientos sin ser arrastrados por ellos, de preguntarnos "¿este pensamiento tiene fundamentos?", "¿me sirve?", "¿de dónde viene?". Esta separación entre observador y pensamiento es lo que crea el espacio entre estímulo y respuesta, ese espacio que Viktor Frankl identificó como el lugar donde reside nuestra libertad. Pero desarrollar esta conciencia observadora no sucede por ósmosis. Requiere entrenamiento deliberado.

Estas son tres prácticas fundamentales pueden iniciar este cambio:


  1. Hacer una cosa a la vez para entrenar la presencia.

  2. Eliminar distracciones cuando una tarea merece nuestra atención.

  3. Dedicar al menos cinco minutos diarios a no hacer nada excepto observar cómo se presentan nuestros procesos mentales. ¿Se manifiestan como películas, como diálogos internos, como sensaciones? ¿Cómo distinguís un pensamiento del pasado de uno del futuro? Esta consciencia del "sexto sentido" es la base de todo cambio sostenible.


El Camino de la Actualización

Cuando una emoción disruptiva aparece frente a un mensaje o feedback, tenemos la oportunidad de hacer actualización mental. La pregunta clave no es "¿cómo dejo de sentir esto?", sino "¿qué marco de pensamiento creó esta emoción?". Y luego, con curiosidad genuina: "¿Qué tendría que ser cierto en mi mundo para que yo sienta lo que estoy sintiendo con respecto a esto?".

Las respuestas revelan los marcos activos. Si descubrís que estás interpretando todo desde la competencia, podés preguntarte: ¿qué pasaría si explorara la colaboración? Si vivís desde el control total, ¿qué recursos tendrías a tu disposición al distinguir entre lo que realmente podés controlar y lo que no? Si el perfeccionismo te paraliza, ¿cómo cambiaría tu vida si resignificaras el concepto de error como información necesaria para mejorar?

La actualización requiere tres elementos: conciencia de los marcos actuales, exploración juiciosa de alternativas (leyendo, conversando, escribiendo sobre ellas), y práctica sostenida. No se trata de perfección inmediata. Las señales de progreso son sutiles: esta vez no gritaste, esta vez decidiste no enviar ese correo airado, esta vez lograste recibir feedback sin sentirte atacado. Personas cercanas empezarán a notar que reflexionás más antes de hablar.

El mayor error es desesperarte por resultados rápidos o la identificación con nuestras acciones reactivas. Decir "soy impulsivo" es condenarnos sin saberlo. Mejor decir "he sido impulsivo... por ahora". Esa simple adición abre la puerta al cambio.

Nuestro cerebro, aunque resistente al cambio por ahorro energético, también tiende hacia lo placentero. Cuando experimentás que una nueva forma de responder te acerca a tus objetivos y mejora tus relaciones, el cerebro empieza a reforzar estos nuevos caminos. Pero esto requiere disciplina y esfuerzo sostenido. Es una práctica que mantenés.

Al final, la comunicación es solo el reflejo de nuestro mundo interno. Nuestras palabras emergen de nuestras emociones, nuestras emociones de nuestros pensamientos, y nuestros pensamientos de nuestros marcos. Actualizar estos marcos no es tarea de una semana ni de un mes. Es el trabajo de autoliderazgo de toda una vida, y quizás la inversión más importante que podemos hacer en nosotros mismos y en nuestras relaciones— esto te vuelve plenamente humano.

Jorge

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jorge chaverri mentalidad y comunicación

Mentalidad

Lo que sobrevive al fuego: Sobre Gaudí y los Knicks Campeones

En 2019 estuve frente a la Sagrada Familia, en Barcelona. Sentí lo que siente cualquiera que está frente a algo que lo excede: un completo asombro. Pero no fue la arquitectura lo que me dejó así. Fue una idea que no he sacado de mi cabeza desde entonces: me maravilla que un pueblo entero haya tomado la visión de un artista y la haya asumido como su propia misión. Gaudí llevaba casi un siglo muerto y la obra seguía subiendo, piedra sobre piedra, hecha por gente que nunca lo conoció, que trabajaba cada día por algo que él dejó sin terminar. Esta semana, cuando coronaron la torre más alta el día exacto del centenario de su muerte, volví a preguntarme: ¿de qué depende que un ser humano trascienda? Y sinceramente estoy convencido de que la trascendencia de un ser humano depende de su capacidad para comunicar su visión. Cuando digo comunicar no me refiero a hablar bien. Gaudí dejó pocos planos. En 1936 le quemaron el taller y le destrozaron las maquetas, y la obra debería haber muerto ahí. Él ya no estaba, pero su obra no murió. Se reconstruyó desde los escombros, porque lo que dejó no se podía romper del todo: un sistema de geometría replicable. El arco que diseñaba colgando cadenas se podía volver a calcular aunque el yeso fuera ceniza.

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El Hombre Integrado: Reflexiones sobre masculinidad

Hace tiempo vengo escuchando conversaciones que giran en torno a la preocupación por los hombres en la actualidad. Una amiga que me dice que ya no encuentra hombres que sostengan una conversación profunda. Un cliente frustrado que me confiesa, después de tres sesiones, que no sabe quién es fuera del trabajo. Una madre preocupada que me cuenta que su hijo de veinticinco años lleva dos años encerrado en el cuarto. Una mujer me dice con culpa, que está cansada de ser la que organiza todo, la que sostiene, la que toma decisiones también en su casa y, su esposo que dice que no sabe qué le toca hacer, que cualquier cosa que diga o haga está mal. Mis clientas, profesionales que escalaron a lo más alto en sus carreras, me dicen que ahora que quieren tener pareja, formar familia, se encuentran con que es el único ámbito en el que no tienen éxito. *Ya no hay hombres*. *Ya no encontramos hombres que valgan la pena.* Lo que escucho constantemente, lo que veo en distintas partes, mis estudiantes lo mencionan en las conversaciones sociales, mis clientes lo traen a sesión: **esa sensación generalizada de que los hombres estamos perdidos.** El tema ha estado tan presente en los últimos años que Allan Fernández y yo terminamos dedicándole tres episodios oficiales y todavía queda uno por estrenar en Habladas Filosóficas. También me invitó Johanna Villalobos a su podcast para conversar sobre la pregunta: ¿por qué ya no hay hombres disponibles para tener relaciones de pareja?. Por eso decidí escribir. Porque lo que me preocupa no son las preguntas sino conformarnos con ello como si fuera la realidad que nos toca.

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Si un gran árbol cae en un bosque y no hay nadie cerca, ¿hace ruido?

Si un gran árbol cae en un bosque y no hay nadie cerca, ¿hace ruido? Yo no me inventé esta pregunta que, de hecho, ha desconcertado a pensadores serios durante siglos, y vale la pena entender por qué. Imagino que tu intuición responde de inmediato: claro que sí, hay un estruendo ensordecedor, lo escuche alguien o no. Esa certeza es el punto. Caminamos por la vida confiando ciegamente en que el mundo exterior es exactamente tal cual lo experimentamos. Asumimos sin dudar que la hierba es verde por su cuenta, que el sonido existe solo, que somos receptores pasivos de una realidad ya terminada que nos llega tal cual es. Pues la ciencia nos dice que...

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Con más de 12 años de experiencia en negocios, estrategias comerciales, y más de 8 años ayudando, guiando y asesorando individuos, emprendedores, compañías, atletas y lideres para alcanzar su máximo potencial. Jorge Chaverri es el creador de la marca The MindCoach®, cofundador de la Academia Mind Coach y host de The Mind Podcast.

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