Emociones
"Las personas no se molestan por las cosas, sino por su opinión sobre las cosas." —Epicteto
Existe un modelo para comprender por qué esto sucede y cómo podemos cambiarlo: nuestros comportamientos provienen de emociones, y las emociones provienen de pensamientos. No somos simplemente "personas reactivas" o "impulsivas" por naturaleza inmutable— somos el resultado de marcos que hemos entrenado durante años, sin saberlo, y que ahora operan en automático.
La buena noticia es que no estamos condenados a repetirlos. Podemos actualizar el sistema operativo de nuestra mente, pero esto requiere distinguir entre dos niveles de pensamiento. El primero es el pensamiento automático, la categoría más baja: esos juicios instantáneos, esas conjeturas defensivas, ese diálogo interno que simplemente aparece y que no los elegimos. Son como una vaca rumiando, procesando sin consciencia. La mayoría de las personas vive identificada con este nivel, creyendo que "así soy yo" y que esa es la realidad...
El segundo nivel es el pensamiento reflexivo, la conciencia observadora. Aquí es donde reside nuestro verdadero poder: la capacidad de observar nuestros pensamientos sin ser arrastrados por ellos, de preguntarnos "¿este pensamiento tiene fundamentos?", "¿me sirve?", "¿de dónde viene?". Esta separación entre observador y pensamiento es lo que crea el espacio entre estímulo y respuesta, ese espacio que Viktor Frankl identificó como el lugar donde reside nuestra libertad. Pero desarrollar esta conciencia observadora no sucede por ósmosis. Requiere entrenamiento deliberado.
Estas son tres prácticas fundamentales pueden iniciar este cambio:
Hacer una cosa a la vez para entrenar la presencia.
Eliminar distracciones cuando una tarea merece nuestra atención.
Dedicar al menos cinco minutos diarios a no hacer nada excepto observar cómo se presentan nuestros procesos mentales. ¿Se manifiestan como películas, como diálogos internos, como sensaciones? ¿Cómo distinguís un pensamiento del pasado de uno del futuro? Esta consciencia del "sexto sentido" es la base de todo cambio sostenible.
El Camino de la Actualización
Cuando una emoción disruptiva aparece frente a un mensaje o feedback, tenemos la oportunidad de hacer actualización mental. La pregunta clave no es "¿cómo dejo de sentir esto?", sino "¿qué marco de pensamiento creó esta emoción?". Y luego, con curiosidad genuina: "¿Qué tendría que ser cierto en mi mundo para que yo sienta lo que estoy sintiendo con respecto a esto?".
Las respuestas revelan los marcos activos. Si descubrís que estás interpretando todo desde la competencia, podés preguntarte: ¿qué pasaría si explorara la colaboración? Si vivís desde el control total, ¿qué recursos tendrías a tu disposición al distinguir entre lo que realmente podés controlar y lo que no? Si el perfeccionismo te paraliza, ¿cómo cambiaría tu vida si resignificaras el concepto de error como información necesaria para mejorar?
La actualización requiere tres elementos: conciencia de los marcos actuales, exploración juiciosa de alternativas (leyendo, conversando, escribiendo sobre ellas), y práctica sostenida. No se trata de perfección inmediata. Las señales de progreso son sutiles: esta vez no gritaste, esta vez decidiste no enviar ese correo airado, esta vez lograste recibir feedback sin sentirte atacado. Personas cercanas empezarán a notar que reflexionás más antes de hablar.
El mayor error es desesperarte por resultados rápidos o la identificación con nuestras acciones reactivas. Decir "soy impulsivo" es condenarnos sin saberlo. Mejor decir "he sido impulsivo... por ahora". Esa simple adición abre la puerta al cambio.
Nuestro cerebro, aunque resistente al cambio por ahorro energético, también tiende hacia lo placentero. Cuando experimentás que una nueva forma de responder te acerca a tus objetivos y mejora tus relaciones, el cerebro empieza a reforzar estos nuevos caminos. Pero esto requiere disciplina y esfuerzo sostenido. Es una práctica que mantenés.
Al final, la comunicación es solo el reflejo de nuestro mundo interno. Nuestras palabras emergen de nuestras emociones, nuestras emociones de nuestros pensamientos, y nuestros pensamientos de nuestros marcos. Actualizar estos marcos no es tarea de una semana ni de un mes. Es el trabajo de autoliderazgo de toda una vida, y quizás la inversión más importante que podemos hacer en nosotros mismos y en nuestras relaciones— esto te vuelve plenamente humano.
Jorge
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