Comunicación

"Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos." —Viktor Frankl
Lucía llegó a mí al borde del colapso. Como líder en su empresa, cada conversación con sus socios y junta directiva se había convertido en una batalla campal que la dejaba agotada, enojada y con esa sensación tan pesada de que nadie la escuchaba. "Todos la tienen en mi contra", pensaba mientras salía de cada reunión sintiéndose más sola que antes. ¿Te suena familiar?
Lo que me pareció admirable de Lucía fue su decisión. Con resistencia al principio, sí, pero también con humildad, decidió trabajar en lo único que realmente podía controlar: ella misma. Porque a los otros, no los pudo cambiar por más discusiones que tuvo.
En el pasado, Lucía era de las que creía que la única manera de salir bien de una reunión era ganando un argumento con una actitud desafiante y contundente. Pero esta vez fue diferente. No intentó cambiar a los demás ni seguirse quejando. Simplemente aceptó que si algo iba a ser diferente, tendría que empezar por su propia manera de comunicarse.
Entonces, emprendió el viaje para mejorar sus habilidades para negociar e influir de una mejor manera en los demás, y me dió el honor de acompañarle en su transformación.
En su primera sesión de mentoría me contó su caso y le compartí algo que a primera vista puede parecer simple, pero que tiene un poder transformador: crear un ambiente seguro y de confianza para las otras personas. Porque cuando alguien se siente seguro con vos, sucede algo mágico: sus defensas bajan, deja de estar en modo ataque y entra en un estado más reflexivo, más creativo. Y ahí, justo ahí, es donde nacen los verdaderos acuerdos, incluso cuando las opiniones son totalmente diferentes.
Le expliqué una táctica que comienza por el simple acto de escuchar antes de hablar. No para responder, no para ganar la discusión, sino para entender genuinamente lo que el otro quiere decir. Para ello hay que interrumpir ese impulso automático de preparar tu contraargumento mientras la otra persona todavía está hablando. Luego viene validar el mundo del otro: antes de dar tu opinión o de oponerte, hacéle saber a la persona que la escuchaste, reconocé su punto de vista y sus emociones. Esto no significa estar de acuerdo, significa respetar su experiencia. Y finalmente, construir desde la curiosidad, no desde la sospecha. Esta distinción es esencial porque la curiosidad nace de la humildad y del deseo genuino de saber más, mientras que la sospecha nace del prejuicio, de asumir que ya lo sabes todo. Una abre puertas, la otra coloca barreras de comunicación.
Momento de integrar y tomar acción
Lucía escuchó todo esto con atención, aunque pude notar la duda en sus ojos(es normal) porque cuando has estado atrapado en patrones de comunicación tóxicos durante tanto tiempo, cuesta creer que algo tan sencillo pueda funcionar. Pero quedamos en tomar acción en la siguiente más próxima oportunidad.
Una semana después recibí un mensaje suyo. Acababa de tener su reunión con los socios y lo sucedió algo extraordinario. Me contó emocionada que la experiencia había sido completamente diferente. Lograron plantear objetivos claros, tomaron decisiones importantes y, lo mejor de todo, ella salió de esa reunión sintiéndose bien— No agotada. No frustrada. Bien. Su esposo notó el cambio en ella esa noche. La vio llegar con una energía diferente, más ligera. Y también se lo hizo saber.
¿Cambiaron los demás? No. Los socios seguían siendo los mismos, con sus mismas personalidades y sus mismas opiniones. Lucía cambió, y con eso, cambió la dinámica. Esa es la parte que muchos no entienden. Como líderes, somos responsables de la comunicación. Es nuestra única herramienta real para transformar la realidad.
Cuando dejamos de ver cada interacción como una batalla que hay que ganar o perder, cuando abandonamos el sesgo de supervivencia que nos polariza, accedemos a nuestros mejores recursos: lógica, razón, creatividad, empatía. Y lo más importante, también los promovemos en los demás. ¡Esto si que es impactar positivamente en nuestro mundo¡
Si te sentís identificado con la historia de Lucía, si las interacciones laborales te dejan agotado y frustrado, si sientes que no lográs comunicarte efectivamente con tu equipo o socios, quiero que sepas algo importante: esto no tiene por qué seguir así. El cambio comienza cuando decidís interrumpir los viejos patrones y creencias que te mantienen atrapado en dinámicas tóxicas. Cuando elegís desarrollar estas habilidades conscientemente.
La pregunta no es si los demás van a cambiar. La pregunta es: ¿estás listo para cambiar vos?
Esta es mi promesa
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Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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Comunicación
Lucía y su última sesión de Mind Coaching
Tras semanas de pausa forzada a causa del desgaste profesional (burnout), Lucía (nombre ficticio) volvió a conectar conmigo en una sesión de mentoría como parte de su proceso de Certificación como Líder en Comunicación Humana. Iniciaba su reintegro laboral poco a poco, y apenas empezando su sesión ya me compartía una primera lección reveladora: aquella entrega "urgente" que la llevó a su colapso había permanecido intacta durante mes y medio sin que la empresa se derrumbara. Ella agradeció haber dado el paso a nuestra formación en su momento, y ahora se aferraría a las herramientas de nuestro modelo de comunicación para entender qué la llevó a quemarse y cómo hacer las cosas mejor. Entonces, en lugar de permanecer en la pasividad, Lucía rearmó su mundo interior trabajando en su presupuesto de energía, su diario emocional y su esfera de poder.

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Las tres premisas que pongo antes de una conversación difícil
Durante años tuve aversión a discutir. Me callaba, evitaba decir lo que pensaba, y en mi cabeza eso tenía toda la lógica del mundo. Porque si me exponía me iban a ganar, y si me ganaban me iba a convertir en alguien insignificante. Mi valor quedaba a merced de la opinión ajena. Lo raro es que al mismo tiempo quería tener la razón. Quería que todo estuviera bien sin hacer ningún esfuerzo. Callarse y querer ganar parecen cosas opuestas y provocan lo mismo: evitar la incomodidad.

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¿Qué tenía de cierto lo que opinó el otro?
Últimamente todos estamos hablando de política. En el chat familiar, en el almuerzo con amigos, en los comentarios de cualquier publicación. Tiene sentido, porque lo que pase con el gobierno toca la realidad presente y futura de cada quien. Y obvio, cada uno llega con lo que tiene a mano: reels, el titular de un periódico digital, medios independientes, una investigación más seria, inteligencia artificial. Lo que casi nadie tiene es la costumbre de conversar sobre esto. Las discusiones arrancan apasionadas y terminan en nada. Tratamos el debate como una competencia por la razón. Sobre un tema donde nadie en la mesa es experto y donde ninguno de los que discutimos decide nada.


