Comunicación

Tras semanas de pausa forzada a causa del desgaste profesional (burnout), Lucía (nombre ficticio) volvió a conectar conmigo en una sesión de mentoría como parte de su proceso de Certificación como Líder en Comunicación Humana. Iniciaba su reintegro laboral poco a poco, y apenas empezando su sesión ya me compartía una primera lección reveladora: aquella entrega "urgente" que la llevó a su colapso había permanecido intacta durante mes y medio sin que la empresa se derrumbara.
Ella agradeció haber dado el paso a nuestra formación en su momento, y ahora se aferraría a las herramientas de nuestro modelo de comunicación para entender qué la llevó a quemarse y cómo hacer las cosas mejor. Entonces, en lugar de permanecer en la pasividad, Lucía rearmó su mundo interior trabajando en su presupuesto de energía, su diario emocional y su esfera de poder. Herramientas fundamentales que le enseñamos para poder proteger su salud y actitud. A un costado de su escritorio, una pequeña pizarra escribió un recordatorio como si fuera un mantra: «Las emociones las creo yo misma». Con mucha intención empezó a observar su mente y aprendió a refutar las predicciones catastróficas que le provocaban ansiedad. Cambió su marco mental en relación al ejercicio: antes sentía que iba por obligación, odiando el gimnasio; hoy cree que no hay nada más saludable que eso que puede estar haciendo. Antes caminaba con su perro haciendo varias cosas a la vez —el teléfono, la música, saltar de un podcast a otro— como queriendo estar en todas partes y perdiéndose la posibilidad de conectar con él y con el entorno: los sonidos, los paisajes, los olores. Comprendió, además, con mucho esfuerzo, la verdad más liberadora de su proceso: su valor como persona jamás volvería a definirse por los resultados de su trabajo.
Lucía sin pretenderlo se estaba preparando para el verdadero campo de prueba que la esperaba en la oficina. Al abordar las interacciones con su jefatura —un entorno marcado por plazos agresivos y discusiones tensas—, Lucía confesó la parálisis que experimentaba. Ante el rechazo de una idea por parte de su jefe, a quien percibía como un hombre rígido y "cuadrado", una respuesta biológica automática de bloqueo (shutdown) la llevaba a someterse en silencio.
En ese instante, intervine para romper el "hechizo" de los marcos que la estaban limitando. Lucía estaba lista, su mente estaba lista. Era el momento ideal. Le hice notar que referirse a su conflicto con su jefe como algo que ocurre en presente activaba la emoción debilitante, y que asumir una negativa constante era un juicio falso, pues en otras ocasiones su superior sí había sido receptivo.
Le dije: «Estás procesando eventos pasados como si ocurrieran en vivo», guiándola a asumir su rol como poder personal dentro del sistema. Entonces, en lugar de declarar: "si le comparto una nueva idea, él simplemente me dice que no y no me escucha", Lucía primero podía reconocer que en ocasiones pudo haber pasado, pero en otras no, y describir la situación de forma consciente, como lo que es: algo del pasado. "Hubo una ocasión en la que le di una idea a mi jefe y él me dijo que no, y yo me bloqueé."
Muchas veces no nos percatamos del poder que tenemos al construir narrativas limitantes que bloquean la posibilidad de ver las cosas de otra forma, muchas veces mejor.
Luego de "romper el hechizo del lenguaje", entonces le entregué herramientas tácticas de precisión para plantear nuevas ideas a su jefe y negociar con él:
Reconocer el impacto de la pregunta «¿por qué?», pues refuerza la postura del otro, y es posible ser sustituida por preguntas reflexivas que abren espacio a la solución, conocer el contexto y la mente del otro.
Ser intencional al utilizar el «pero», entendiendo que su uso descuidado anula las palabras previas y activa el sistema de amenaza en el interlocutor.
La pregunta de desbloqueo: Por ejemplo, ante cronogramas agresivos e imposibles exigidos por su superior, le regalé la pregunta maestra: «¿Cómo se supone que debería de hacerlo en este tiempo?». Una frase concisa que devolvía la presión estratégica a la jefatura, forzándola a proponer soluciones reales sin que Lucía siguiera asumiendo una carga desproporcionada.
Hacia el final de la sesión, Lucía habló de las fricciones con figuras masculinas en la empresa y soltó una frase sin pensarla: "que los hombres tienden a perder el control, a ponerse más agresivos". Pausa, pausa, pausa. —¿Qué significa eso? —le pregunté. Ella dudó un segundo. "Tienden más a ser como más agresivos." —¿Los hombres? —repetí—. Yo soy hombre, le dije en forma de reto a su idea. Se corrigió enseguida: sí, estaba generalizando, no todos son así. Pero una corrección verbal no desarma un marco; hacía falta un caso real. Le pregunté por su pareja. Y ahí, con una persona concreta enfrente y no una categoría, la generalización se terminó de desarmar: su propia pareja no encajaba en lo que acababa de describir. Le propuse entonces armar la lista — los hombres que conocía, uno por uno, que no calzaban en esa idea. No hizo falta terminarla. A la segunda o tercera persona el argumento ya estaba totalmente debilitado: el problema nunca fue el género. Eran ciertas personas — algunas mujeres incluidas — a quienes les cuesta regular su propio temperamento. Y ella ahora con su consciencia y habilidades, tiene mucho qué hacer para mejorar su interacción con prácticamente todo el mundo.
Lucía sonrió, integrando el aprendizaje. Llevándose la lección a al que llamó la cereza en el pastel: para poder influir en los demás, regular el sistema nervioso del entorno y construir espacios seguros de colaboración, el primer requisito innegociable era mantener equilibrado su propio sistema nervioso a través de marcos de pensamiento conscientes.
La sesión con Lucía no fue un caso aislado. Fue una sesión más de mentoría en un programa donde este tipo de conversación se repite cada semana, con nombres distintos y el mismo mecanismo implícito: alguien atrapado en un marco que construyó sin darse cuenta, y que se puede actualizar en cuanto se le reconoce.
Si te reconociste en algún momento de esta historia —en el bloqueo frente a una jefatura, en una narrativa que repetís sin cuestionarla, en el peso de medir tu valor por un resultado, en trabajar al borde del burn out— la Certificación como Líderes en Comunicación Humana te entrena en las mismas herramientas que usé con Lucía: presupuesto de energía, diario emocional, esfera de poder, y la capacidad de detectar cuándo tu propio lenguaje está construyendo la realidad que después tenés que sufrir.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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