Mentalidad

Hace poco tuve una sesión con un cliente que llegó con una situación que muchos vamos a reconocer. Ama su trabajo. Lo ha amado durante años. Y de un tiempo para acá, todo se le había vuelto pesado.
Un nuevo miembro del equipo cambió la dinámica y, según él, parecía estar haciéndole la vida imposible. Lo dejaba mal en reuniones, hablaba con sus reportes a sus espaldas, lo señalaba en foros frente a otras personas.
Me buscó porque quería cambiar su experiencia emocional.
Quería ser retado, dejar de sufrir, y soltar cualquier tinte de víctima que estuviera cargando. Eso me lo dijo casi al inicio de la conversación, y eso, para mí, ya era media batalla ganada.
Cuando alguien llega así, con esa lucidez sobre lo que le está pasando y con ganas de incomodarse para cambiarlo, ya va ganando.
Más o menos a la mitad de la conversación, dijo una frase que me hizo detenerlo:
"A él le encanta señalarme en los foros."
Le pedí que se escuchara. Que repitiéramos esa frase juntos.
Y ahí pasó algo que a mí me sigue maravillando después de tantos años haciendo este trabajo: él se escuchó— tomó distancia de su propia frase y empezó a observarla.
"Le encanta señalarme." ¿Cómo sabe que al otro le encanta? No lo sabe. Lo está suponiendo. Está leyendo una mente que no puede leer. Está construyendo una motivación, atribuyéndole un placer al otro, y tratando esa ficción como si fuera un dato.
A esto yo le llamo un hechizo del lenguaje. Una frase que repetimos tantas veces, primero en silencio y después en voz alta con amigos que asienten, que dejamos de notar que es solo una interpretación. La tratamos como descripción de la realidad. Y desde ese marco, lo único posible es sentirse víctima. El sistema nervioso se enciende en congruencia y nos deja limitados de recursos y con frustraciones emocionales.
Mi cliente me dijo, con honestidad, que entendía el punto pero que cambiarlo le parecía difícil. Y tenía razón. Es difícil. No le mentí.
Lo que sí le pregunté fue: ¿qué pasa si seguís pensando así? ¿Cuáles son las consecuencias? Él mismo respondió: amargarse, perderse el disfrute de algo que durante mucho tiempo había sido motivo de orgullo.
Ahí se desbloqueó algo. Y quiero ser preciso con lo que pasó, porque acá está la parte que me parece más importante.
Yo no le entregué una interpretación nueva.
No le dije "mirá, él en realidad lo hace porque…". Le pedí a él que generara otras lecturas posibles. Y por su cuenta dijo: "Tal vez me tiene más presente. Tal vez soy la cabeza que él pone al frente cuando hay que resolver algo." No sé si esa lectura es la verdadera, y honestamente no me interesa. Lo que me interesa es que es una lectura igual de válida que la primera, igual de imposible de comprobar, y produce una experiencia emocional radicalmente distinta.
Ese es el punto que me gustaría que recordaras. El marco mental no tiene que ser el opuesto del que tenías. Encontrar una perspectiva más útil, es suficiente. Una más coherente con tus valores, más fiel a la evidencia que tenés disponible.
Y cuando la nueva perspectiva aparece de parte de la persona, no impuesta por otra persona, el cerebro la adopta de forma fluida. Construye un camino neuronal nuevo porque ese camino se siente mejor, y lo que se siente mejor es más fácil de reforzar y repetir.
¿Qué ideas estás repitiendo vos sobre diferentes circunstancias que te estás haciendo perder energía y gozo en la vida?
Bien dijo Epicteto, "no son los eventos los que causan nuestro sufrimiento sino nuestros pensamientos con respecto a ellos".
Este tipo de conversación de alto rendimiento, en la que escuchás más allá de las palabras y sos capaz de devolverle a alguien sus propios marcos para que él mismo descubra "el hechizo", se entrena. Y es parte del modelo que enseño en Líderes en Comunicación Humana.
Un proceso en el que no solo tendrás acompañamiento 1:1 para descubrir tus marcos mentales sino que serás capaz de detectar los de otros y acompañarles de forma efectiva para actualizar.
Jorge

Mentalidad
Lo que te decís sobre los demás está construyendo tu experiencia emocional
Hace poco tuve una sesión con un cliente que llegó con una situación que muchos vamos a reconocer. Ama su trabajo. Lo ha amado durante años. Y de un tiempo para acá, todo se le había vuelto pesado. Un nuevo miembro del equipo cambió la dinámica y, según él, parecía estar haciéndole la vida imposible. Lo dejaba mal en reuniones, hablaba con sus reportes a sus espaldas, lo señalaba en foros frente a otras personas. Me buscó porque quería cambiar su experiencia emocional. Quería ser retado, dejar de sufrir, y soltar cualquier tinte de víctima que estuviera cargando. Eso me lo dijo casi al inicio de la conversación, y eso, para mí, ya era media batalla ganada. Cuando alguien llega así, con esa lucidez sobre lo que le está pasando y con ganas de incomodarse para cambiarlo, ya va ganando.

Comunicacion
La verdad sobre la comunicación no verbal: la habilidad para leer a otros
En los años sesenta, Ekman viajó a culturas remotas —entre ellas los fore de Papúa Nueva Guinea— y concluyó que existen seis emociones básicas universales, cada una con una expresión facial distintiva y reconocible en cualquier parte del mundo. Y su teoría se volvió consenso académico durante décadas. Pero su verdadero impacto fue más que solo académico. Ekman llegó a entrenar a agentes del FBI, de la CIA y de seguridad aeroportuaria. Quizás el caso más emblemático es el programa SPOT(Screening of Passengers by Observation) del TSA(Transportation Security Administration) estadounidense, desplegado en 2007 en aeropuertos de todo el país para identificar potenciales terroristas a partir de expresiones faciales y microcomportamientos. Este mismo programa inspiró los formatos televisivos tipo Alerta Aeropuerto.

Emociones
Todo lo que las emociones pueden ser si dejás de ignorarlas
¿Cuántas decisiones importantes de tu vida tomaste vos, y cuántas las tomó una emoción que nunca cuestionaste? ¿Y si lo que llamás "así soy yo" es simplemente un patrón que aprendiste y nunca revisaste? Hay algo que me tomó años reconocer: durante mucho tiempo, las emociones para mí eran una idea que me costaba mucho experimentar— racionalmente sabía que eran importantes, que decían algo sobre mí, que valía la pena escucharlas. Pero en la práctica, las ignoraba. Les restaba peso, les restaba interés inconscientemente. Construí sin darme cuenta un patrón de evitativo hacia mi propio mundo interno. Tanto hacia lo agradable como hacia lo que dolía.









