Mentalidad
La mente nos eleva y nos recuerda que estamos para más.
El coaching es un método de acompañamiento para liberar el potencial de otros, en dirección a objetivos extraordinarios. Desde mi punto de vista es un modelo de liderazgo y comunicación humana lleno de herramientas esenciales para la vida.
Desde el 2014, he venido desarrollándome como coach y, desde entonces, he acompañado a miles de personas en sesiones 1:1 para diseñar y perseguir objetivos bien formulados y apasionantes. En 2017, di el salto a la práctica profesional y, desde el 2019, me he dedicado de lleno a este camino.
Hace poco más de dos años, logré abrir mi propio espacio de consulta. Con ello, inicié un ritual especial: al final de cada sesión, entrego a mis clientes una tarjeta como recordatorio de nuestra conversación. No es cualquier tarjeta, sino una con un mensaje personalizado— una frase, un concepto, una idea o un mantra—pensado para ayudarles a integrar el aprendizaje de la sesión en su día a día.
Con el tiempo, muchos me han contado cómo las atesoran, guardándolas en sus diarios, billeteras, espejos o en sus "vision boards". Esta semana me di cuenta de que mi stock de tarjetas estaba por agotarse y tuve que hacer un nuevo pedido. Entonces me di cuenta de algo que me sorprendió: ¡en los últimos dos años he dado más de 300 sesiones!
Este número me llena de emoción, orgullo y gratitud. Cada sesión ha sido una oportunidad para apoyar a alguien a descubrir y utilizar todo el poder de su mente para construir la vida que desea. Para celebrar este hito, quiero compartirte tres lecciones que he aprendido en este viaje y que, estoy seguro, también te pueden servir.
3 Lecciones Inspiradas en 300 Sesiones de Coaching
1. Nadie se resiste al cambio, nos resistimos a la incertidumbre
El miedo al cambio no es realmente un miedo al futuro, sino al vacío que deja lo conocido. Nos aferramos a hábitos, creencias o relaciones no porque sean buenos para nosotros, sino porque nos resultan familiares. Esto es lo que naturalmente hace nuestro cerebro por supervivencia y, al mismo tiempo, tenemos una mente que nos eleva y nos invita a arriesgarnos para conocer todo nuestro potencial.
Definitivamente, el secreto no está en forzar el cambio, sino en encontrar un punto de apoyo en el proceso. Cuando alguien entiende que no está saltando al vacío, sino avanzando hacia algo más alineado con sus valores y sus significados más elevados, la resistencia se disuelve y la transformación fluye. En ese momento, la posibilidad de vivir una vida de autorrealización y felicidad se vuelve real.
Pregunta para reflexionar: ¿Qué es eso tan importante y significativo en tu vida que necesitás recordar hoy para avanzar sin miedo?
2. Las respuestas más poderosas siempre están en tu interior
Como coach, mi trabajo no es dar respuestas, sino hacer preguntas que permitan a la persona descubrir su propia verdad, comprendiendo y actualizando su mente. En muchas ocasiones, las mayores revelaciones no llegan en el momento en que alguien habla, sino en el instante en que se detiene a reflexionar.
El silencio, por incómodo que parezca, es el espacio donde ocurre la magia. Es ahí donde las palabras dejan de ser un escudo y la persona realmente se escucha a sí misma. Es maravilloso ser testigo de esos momentos y sostenerlos sin llenarlos con palabras innecesarias. La mente, haciendo lo que mejor sabe hacer: auto-organizarse.
Pregunta para reflexionar: ¿Cuándo fue la última vez que te diste permiso de escucharte realmente?
3. La presencia: el ingrediente clave para actualizar la mente
Cada sesión se convierte en un espacio donde acompaño a mis clientes a enfocar su atención en el momento presente, dejando de lado los pendientes y reflexionando sobre sus recuerdos con una mirada fresca.
Me he dado cuenta de que lo más valioso de mi trabajo ha sido modelar para mis coachees el estado de presencia absoluta. Pues así es como empiezan a observar, cuestionar, resignificar y aclarar cualquier proceso que suceda en sus vidas. Y esto definitivamente es trasladable a nuestros hábitos cotidianos y a nuestras interacciones sociales.
El coaching es un estilo de comunicación que libera posibilidades. Con cada coachee y cada sesión me he convencido de que el autoconocimiento y la autoconfrontación no son opcionales, sino esenciales para la vida. Sin el trabajo interno, arrastraremos barreras por no prestarnos atención, las decisiones serán superficiales y el impacto de ellas, efímero.
Pregunta para reflexionar: Antes de hacer cualquier cosa, preguntáte por tu intención: ¿cuál es mi intención? / ¿para qué hago esto?
Después de más de 300 sesiones en los últimos dos años, te puedo decir que el coaching no está para dar respuestas o consejos, sino para ayudar a las personas a encontrar su propio camino. Y eso es lo más gratificante del proceso. Es el arte de sostener espacio, de hacer preguntas poderosas y de confiar en que cada persona tiene un potencial por descubrir y las mejores soluciones a sus propias situaciones.
El crecimiento personal no tiene atajos, pero lo que sí tiene es un camino claro: la valentía de cuestionarnos, la humildad de escucharnos y la presencia para vivir nuestra propia transformación. Enfocando la atención al momento presente.
Jorge
Comunicacion
Marcos mentales: la raíz de toda comunicación efectiva
Hay una ilusión muy extendida en el mundo del desarrollo personal y el liderazgo: la idea de que aprender una técnica es suficiente para cambiar. Que si alguien te da los cinco pasos para dar feedback efectivo, o la fórmula para hablar en público con confianza, o el método correcto para tener conversaciones difíciles, algo en vos va a transformarse de manera duradera. A la hora de las horas, sabemos por experiencia que la historia es otra. La mayoría de las personas que buscan mejorar su comunicación o su liderazgo ya saben, en algún nivel, qué deberían hacer— han leído libros, tomado cursos, escuchado podcasts— y aun así, en el momento decisivo, algo falla. Dicen lo que no querían decir. Se bloquean. Reaccionan de una forma que después no comprenden. Se sabotean, sin poder explicar por qué. Esa brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos no es un problema de información sino de marcos mentales.
Filosofía Estoica
Cómo diseñamos la vida que después no queremos vivir
Te despertás. No por voluntad, sino por la alarma. La apagás y, antes de abrir los ojos del todo, ya estás en Instagram. No porque querés, sino porque el correo, Slack y WhatsApp te van a recordar que tu día no te pertenece. Necesitás unos minutos de anestesia antes de enfrentarte a lo que viene. Te bañás sin estar presente. El agua cae y vos estás calculando cuánto tráfico hay, cuánto falta para la reunión, cuántas formas tiene ese día de salir mal. Todavía no pasó nada y ya estás agotado. Así empieza un lunes cualquiera. Y un martes... un jueves. Entonces llega una pregunta constante, sobre todo en los momentos más incómodos del día: ¿para qué estoy aquí? No de forma filosófica-romántica. Sino que duele. Y aparece entre correos, mientras esperás a que cargue una página, mientras alguien habla en una reunión más que no te importa. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué me tocó esta vida?
Mentalidad
El fenómeno del silo: el lado oscuro de quedarnos cómodos en las mismas conversaciones
¿Alguna vez te has enojado tanto con una opinión ajena que te preguntaste cómo es posible que alguien piense así? ¿Cuándo fue la última vez que te sorprendió descubrir que "la mayoría de la gente" piensa completamente diferente a vos y a tu círculo? ¿Y si te dijera que esa indignación, esa sorpresa constante, es una señal de alarma de que estás viviendo en una burbuja más pequeña de lo que creés? La noche de las elecciones presidenciales de 2020, sentado frente a la pantalla mientras los resultados iban apareciendo, sentí algo que no había anticipado: sorpresa genuina. Estaba convencido —completamente convencido— de que era imposible que un pastor evangélico pudiera siquiera acercarse a la presidencia de Costa Rica. Sin embargo, ahí estaban los números: mucho más cerca de lo que cualquiera en mi círculo había imaginado.
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