Comunicación

"Lo contrario de toda verdad es también verdadero." —Hermann Hesse
Durante años tuve aversión a discutir. Me callaba, evitaba decir lo que pensaba, y en mi cabeza eso tenía toda la lógica del mundo. Porque si me exponía me iban a ganar, y si me ganaban me iba a convertir en alguien insignificante. Mi valor quedaba a merced de la opinión ajena. Lo raro es que al mismo tiempo quería tener la razón. Quería que todo estuviera bien sin hacer ningún esfuerzo. Callarse y querer ganar parecen cosas opuestas y provocan lo mismo: evitar la incomodidad.
Implícitamente estaba viviendo desde una premisa que no elegí: alguien va a salir perdiendo de esta conversación. Con este marco mental, quedarse callado para no pelear, era un mecanismo de defensa. En una conversación uno se retira para no perder, el otro empuja para ganar, y en los dos casos la conversación estará lejos de un acuerdo.
El día que me saqué esa idea de mi sistema cambiaron mis conversaciones. Fue intencional. Dejé una relación de años que había estado marcada por mis limitaciones internas. Me propuse ser más directo, y ahí encontré que lo primero que había que mover era el marco mental con el que yo veía las discusiones. Desde entonces, en cada conversación mantengo intención con tres premisas fundamentales.
La primera es que cualquier conversación puede ser un espacio de colaboración. Cuando no nos mentalizamos intencionalmente, la competencia tomará un espacio muy grande: quién tiene la razón, quién cede, quién queda mal. A mis estudiantes les digo que la misión número uno es hacerle saber a la otra persona: somos de los mismos, no somos amenaza. Estamos aquí para avanzar, construir. Esa señal no necesariamente se dice con palabras sino con nuestra actitud. Con el tono y, sobre todo, con las preguntas que uno hace.
La segunda es escuchar antes de hablar, y escuchar para entender de verdad lo que la otra persona me quiere decir. Casi todos entramos a una conversación con una necesidad muy grande de que nos entiendan, y esa necesidad no está bajo nuestro control. Lo que sí está: darnos a entender y hacer el esfuerzo de entender al otro. Cada vez que aparece un ruido, una incomodidad, una frase con dos lecturas posibles, tenemos la posibilidad de preguntar. Y cuando uno pregunta con genuino interés, la otra persona se dispone a compartir.
La tercera es que las opiniones no son personales. Nosotros no somos nuestra opinión, y lo que los demás opinan de nosotros es su opinión, aunque hable de nosotros.
Hace años busqué a mi hermana para terminar con una dinámica de acuerdos no hablados y resentimientos que crecían con el tiempo, con la esperanza de que algún día simplemente se olvidaran. Ese día me dispuse a escucharla y a entender de dónde venía todo lo que estaba expresando con sus palabras, a veces con su silencio, a veces con su actitud. Me dijo cosas que en otro momento me habrían enojado; ese día las tomé por lo que eran, perspectivas que tenían que ver más con ella que conmigo. Le hice muchas preguntas, le di mi punto de vista, aclaré supuestos que ella tenía sobre mis intenciones y pedí perdón cuando fue necesario. La relación cambió por completo. Para bien.
No tomarse las cosas personales es lo que permite recibir la información con la mente clara: distinguir qué puedo controlar y qué no, qué es evidencia y qué es opinión. Sin esa distinción no hay acuerdo posible, y un acuerdo es que ambos estemos en sintonía y compartiendo una realidad. Vivimos una misma experiencia con diferentes puntos de vista, y colaborar es construir una perspectiva nueva con la información que cada uno aporta.
Ahora, ya sabés. Si mañana tenés una conversación que venís esquivando, el trabajo empieza antes. Decía Séneca que "quien se anticipa ante las cosas las puede asumir con coraje". Nuestro cerebro imagina, y al imaginar nos prepara. Eso ya lo hacemos todos los días, solo que al revés: "uy, de fijo mañana me va a dar ansiedad cuando hable con mi jefe", "uy, me voy a bloquear cuando saque el tema con mi pareja". Ahí ya te estás preparando, sin darte cuenta y para lo peor.
Usá el mismo mecanismo a favor. Poné las tres premisas en la mente desde hoy, integralas a tu sistema nervioso antes de cualquier conversación. Después hacé un ejercicio corto de imaginar cómo te gustaría sentirte en esa conversación. Calma, seguridad, curiosidad, humildad. Elegí una, y desde ahí pensá cómo hablarías, qué preguntas harías, qué harías si te dicen algo que no te gusta o te llevan la contraria. Si querés preservar la relación con esa persona, vas a saber decir las cosas de manera directa y con respeto.
Y soltá la predicción de que va a salir como siempre ha salido. Es imposible que salga igual porque si vos llevás algo nuevo al sistema, el sistema cambia.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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