Comunicación

"La primera regla es mantener la serenidad. La segunda es mirar las cosas de frente y reconocerlas tal como son." — Marco Aurelio
¿Alguna vez saliste de una conversación sintiéndote más confundido de lo que entraste? ¿Dudaste de tu propia memoria, porque alguien te convenció de que lo que recordabas no era real? ¿Y si el problema no fuera el otro, sino el vacío que existe entre vos y tu propia voz interna?
Hay un concepto que toma cada vez más relevancia en conversaciones sobre relaciones, trabajo y política: gaslighting. Casi siempre señalando a quien manipula la realidad del otro. Pero antes de apuntar hacia afuera, vale hacerse algunas preguntas incómodas: ¿cómo funciona? ¿qué tan común es? ¿lo estás haciendo o lo estás sufriendo?
Gaslighting
En 1938, Patrick Hamilton escribió la obra Gas Light, llevada al cine en 1944. En ella, un marido manipula a su esposa para hacerla creer que está perdiendo la razón: mueve objetos, niega hechos, baja la intensidad de las luces de gas y luego le asegura que está imaginando el cambio. De ahí nace la definición clásica: manipulación psicológica en la que una persona lleva a otra a dudar de su propia percepción, memoria y juicio. Hoy el término se usa ampliamente, pero casi siempre con la misma lógica: existe un manipulador y hay una víctima. Lo que quiero explorar con vos es una manera diferente de verlo y aprender de nuestra propia psicología en relación al lenguaje.
¿Cómo llegamos a dudar de nuestra realidad?
Recuerdo una época en que escuchaba constantemente eso no fue así, no dijiste eso, estás exagerando. Lo que más me perturbaba era que genuinamente no sabía si tenía razón.
Parecía que la otra persona tuviera un poder especial sobre mí. Pero la verdad era que yo no había hecho el ejercicio de conocerme. No tenía claridad sobre lo que pensaba, sentía o necesitaba. A veces simplemente descargaba palabras sin pensarlas demasiado. Y en ese vacío, cualquier versión externa podía volverse más convincente que la mía propia. Entonces el problema no empieza en el otro. Empieza en la falta de atención hacia los propios procesos internos.
El lenguaje no ayuda pues aunque es nuestra mejor herramienta como especie social, es imperfecto. Cuando hablamos, dejamos información por fuera, usamos conceptos ambiguos, generalizamos. El otro recibe esa versión incompleta y responde a algo que quizás nunca fue lo que quisimos decir. Podrás imaginarte que el gaslighting, en muchos casos, no es un plan calculado. Es lo que ocurre cuando dos personas hablan sin conciencia de sus propios procesos internos o quizás una de ellas aprendió a desestimar la versión del otro por costumbre, por miedo a ser señalada, o simplemente por aversión a perder. Y ninguna tiene claridad firme para sostener su versión con convicción y apertura al mismo tiempo para discutir sanamente.
El autoconocimiento como base
Cuando acompaño a alguien que está dudando de su propia percepción, la pregunta no es ¿quién tiene razón? sino ¿desde dónde estás hablando?
Antes de comunicar algo al otro, necesitamos poder responder: ¿Cuáles son los hechos? ¿Qué emoción estoy experimentando? ¿Qué necesito? ¿Qué pretendo con esta conversación? Sin esas respuestas hay ruido. Y en el ruido, cualquiera puede convencernos de cualquier cosa— dudando de nosotros mismos.
El autoconocimiento es el terreno sólido desde el cual sostenernos. Cuando uno se siente seguro puede escuchar una versión diferente de la realidad sin perder la propia, considerar, debatir, incluso cambiar de opinión, pero desde la elección y no desde la confusión. Y para ello hace falta cultivar también la humildad de reconocer que nuestra versión es solo una perspectiva, válida y necesaria, pero incompleta como cualquier otra.
Cuando no necesitamos tener razón a toda costa, podemos escuchar al otro con curiosidad genuina. Y en ese espacio se construye algo que ninguna de las dos personas podría tener sola: una realidad compartida. Eso es lo opuesto del gaslighting, no la imposición de una versión sobre otra, sino la construcción de un terreno común desde el cual avanzar juntos.
Si sos vos el que está dudando
"Creá un entorno donde te sientas libre de expresar lo que te da miedo expresar." — Rick Rubin, The Creative Act
No sabemos desde dónde viene el otro. Puede ser intención deliberada, terquedad, miedo al error o una forma aprendida de relacionarse. Eso no está en tu control. Pero hay algo que sí podés hacer a partir de ahora.
Evaluá tu círculo. Preguntate con quiénes salís más claro de las conversaciones y con quiénes más confundido. Buscá intercambios retadores pero seguros, donde el desacuerdo no te deje en duda de vos mismo sino con más preguntas para explorar.
Escribí tus pensamientos. El journaling es una práctica de claridad. Cuando ponés en palabras lo que pensás y sentís, construís un registro de tu propia experiencia que nadie puede negarte. Aprendés a ordenar tus ideas y a definir con precisión tus valores.
Buscá acompañamiento. La Terapia, coaching o una conversación honesta con alguien de confianza. No porque estés "roto", sino porque todos necesitamos un espejo que nos devuelva nuestra propia información y nos rete desde un lugar de apoyo.
Usá la filosofía como brújula. Como invitación permanente a reflexionar sobre tu forma de ver el mundo. Examinar la propia experiencia es una forma de ganar seguridad sana sobre tus opiniones.
Y recordá: nada de lo que el otro dice sobre vos es la realidad objetiva. Es una perspectiva filtrada por su historia personal. Nadie tiene la verdad completa. Y precisamente por eso, la realidad más sólida no es la que se impone, sino la que dos personas construyen juntas con honestidad.
La comunicación es la interacción de mundos internos intentando encontrarse a través de las palabras mientras experimentan emociones. Una comunicación efectiva tiene un resultado un acuerdo que jamás pudo haber existido en la individualidad. Es la realiidad compartida como producto final. Y así, avanzamos.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
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