Comunicación

"La vaca sagrada de una cultura es la cena de otra y la diferencia puede ser atroz." —Robert Sapolsky
¿Cuántas relaciones estarían intactas hoy si, en vez de intentar ganar discusiones, hubiéramos intentado entender lo que no se estaba diciendo?
Hay una creencia popular que dice que para llevarnos bien no hay que hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol. Y aunque suene práctica, también nos limita. Nos aleja de la posibilidad más humana que tenemos: conectar a través de conversaciones que revelan cómo cada quien entiende el mundo.
Ahora que en Costa Rica nos acercamos a un proceso electoral, ese patrón vuelve a aparecer. Opiniones rígidas, discusiones encendidas, amistades tensas. La polarización conforta porque refuerza lo que ya creemos… pero también nos empobrece. Nos encierra en burbujas donde solo consumimos información que confirma nuestras ideas y nos rodeamos de gente que piensa igual. Entonces, evitamos las interacciones tensas pero que nos pueden enseñar nuevas cosas y mantener las relaciones sanas.
Mecanismos que nos separan
Para entender por qué pasa esto, me gusta una idea que Mónica Guzmán expone en su libro I Never Thought of It That Way. Ella explica tres mecanismos —traducidos funcionalmente al español— que alimentan la polarización: el ordenamiento grupal (Sorting), la deshumanización del otro (Othering) y el encapsulamiento informativo (Siloing).
El ordenamiento grupal (Sorting) es esa tendencia natural a rodearnos de personas que piensan igual; la deshumanización del otro (Othering) ocurre cuando quienes piensan distinto dejan de ser individuos complejos y se vuelven “el otro”; y el encapsulamiento informativo (Siloing) aparece cuando nuestras burbujas se cierran tanto que ya no escuchamos nada que nos contradiga. Estos mecanismos no solo crean distancia sino que nos alejan de conocer lo que no sabemos.
Y es exactamente lo que vemos en conversaciones cotidianas. Hace poco, por ejemplo, presencié una discusión entre dos personas cercanas: ella repetía argumentos sobre cómo un padre estaba sobredimensionando una situación que podía afectar a su hijo; él los rechazaba sin escucharlos. Nadie exploró intenciones, preocupaciones o experiencias. Cada quien hablaba desde su propio universo mental sin saberlo, repitiendo argumentos como si quisieran implantárselos unos a otros. Y ahí es donde chocan las constelaciones de significados de las que casi nunca hablamos(historias, ideas, creencias, entendimientos y experiencias que forman nuestra manera particular de ver y entender el mundo.)
Detrás de cada opinión se esconden valores, experiencias, miedos, recuerdos, deseos y creencias. Todo eso está vivo en la mente, influyendo en lo que decimos… aunque no lo digamos explícitamente. Cuando reducimos una conversación compleja a un “sí o no”, a un “tenés razón o estás equivocado”, estamos viendo apenas la superficie. Polarizamos sin darnos cuenta y perdemos la oportunidad de conectar y enriquecer nuestra comprensión del mundo.
El poder de la curiosidad
La curiosidad rompe este patrón. No la curiosidad estratégica de “cómo te gano el argumento”, sino la curiosidad genuina de preguntarnos internamente:
¿Qué sabe esta persona que yo no sé? *¿Qué historia, qué experiencia o qué valor le da sentido a su punto de vista? Estas pregunta abren espacio. Aflojan tensiones. Y muchas veces transforman por completo la dinámica.
Lo he comprobado una y otra vez en mi trabajo: en sesiones uno a uno, negociando con clientes, conversando con proveedores o grabando mi podcast. La curiosidad auténtica me ha permitido conectar profundamente con personas que conocí segundos antes de encender los micrófonos. La conversación se vuelve fluida, humana, reveladora e inspiradora.
Una nueva versión de la realidad
Y cuando una persona descubre que sus opiniones no nacen de “la verdad”, sino de su entramado interno de significados, suele aparecer una mezcla difícil: primero conflicto, luego alivio. Al principio, cuestionar lo que creíamos cierto puede generar dudas morales y una crisis interna. Pero después llega la libertad: la posibilidad de construir una realidad compartida sin aferrarnos a tener la razón. Nuestro sistema nervioso lo agradece porque deja de reaccionar y recupera la capacidad de pensar con claridad, empatía y precisión.
Por eso, en el contexto electoral actual, el mayor riesgo no es elegir “mal”.
El mayor riesgo es perder relaciones.
Es cerrar la mente a nuevas perspectivas.
Es vivir encapsulados en versiones estrechas de la realidad.
Es convertirnos en caricaturas del otro. Y convertir al otro en una caricatura o "idea" que le vuelva menos que un humano sintiente y racional.
Un llamado final
La mayor ganancia de entrar a esta época desde la curiosidad y la humildad es: tener un voto más consciente, un corazón menos tenso y una vida social más sólida. Recordar que “somos de los mismos”, aunque pensemos distinto. Que después de las elecciones seguimos siendo vecinos, familia, colegas y ciudadanos que comparten un mismo país.
Y si tuviera que dejar un solo hábito para este tiempo sería este:
Conversá para descubrir, no para ganar.
Entrá a cada diálogo con la pregunta:
“¿Qué puedo aprender hoy de esta persona?”
Esta simple intención cambia todo.
Entrar a cada conversación queriendo descubrir la historia humana detrás del argumento. No para convencer, no para ganar, sino para entender genuinamente de dónde viene la otra persona.
"Yo puedo aprender algo nuevo de todo el mundo", es la creencia que sostiene esta práctica. Y es cierta, porque cada persona lleva en su perspectiva fragmentos de realidad que nosotros no tenemos, experiencias que enriquecen nuestra comprensión del mundo.
Las elecciones pasarán y el país seguirá adelante. La historia humana es de resiliencia, no de divisiones permanentes. Construir conversaciones puente hoy es invertir en un futuro donde nuestras diferencias nos enriquezcan, en lugar de separarnos. Porque cuando conversamos con atención y presencia dejamos de ver enemigos y empezamos a ver humanos. En tiempos de polarización, eso es exactamente lo que más necesitamos.
Jorge

ESCRITO POR
Jorge F. Chaverri M.
Jorge es conocido como The Mind Coach desde 2018. Creador de la Certificación Líderes en Comunicación Humana y conduce The Mind Podcast. Su trabajo parte de una idea fundamental: los marcos mentales que se sostienen en tu lenguaje deciden cómo pensás, liderás y te relacionás. Es cinturón negro de jiu-jitsu y practicante de la filosofía Estoica.
Conocé más sobre The Mind Coach
→
Suscribite al newsletter o seguí la conversación en el podcast de The Mind Coach.

Comunicación
Antes de tener una conversación difícil
La incomodidad que sentimos ante un desacuerdo es una respuesta natural pero primitiva. Cuando la activación emocional se enciende, lo primero que se pierde es la capacidad de pensar. Es cuestión de supervivencia. En ese estado, cada uno defiende su opinión como si fuera La Verdad, con mayúscula, y el otro se convierte en un obstáculo, una amenaza. Y por más absurdo que nos parezca al verlo de manera racional, la realidad es que nuestro sistema nervioso se activa como si estuviéramos en peligro de muerte, si no nos percatamos de nuestros sesgos y seguimos percibiendo el mundo en blanco y negro. Una opinión que no nos guste podría ser el disparador de un sistema nervioso limitado a pelear o huir, como si tuviéramos un león enfrente. Quiero proponerte una idea que va contra nuestro instinto: si querés influir en alguien durante una conversación difícil, el primer trabajo ocurre dentro tuyo, antes de abrir la boca.

Comunicación
Los 3 Factores de Actualización de la Mente
La raíz del sufrimiento es que queramos que las cosas sean diferentes, pero la estrategia más peligrosa del sufrimiento es no creer que somos capaces de hacer algo al respecto. Pienso específicamente en el caso de una de mis estudiantes, quien es la encargada de un departamento financiero de una empresa muy grande, pero parte de sus procesos dependen de firmas de directores y otros de los trabajos de su equipo. Entonces, su nivel de querer que las cosas salieran a su manera y de manera perfecta la hacía asumir más trabajo de la cuenta en vez de comunicar, dar feedback, delegar o pedir. A veces necesitaba la firma de su jefe y su jefe no la había firmado cuando ella lo requería según sus expectativas. Con frustración, obviaba el hecho de que su jefe probablemente estuviera en otras reuniones y con un montón de cosas más que hacer, pero su mundo se reducía a lo que ella quería lograr.

Comunicación
Lucía y su última sesión de Mind Coaching
Tras semanas de pausa forzada a causa del desgaste profesional (burnout), Lucía (nombre ficticio) volvió a conectar conmigo en una sesión de mentoría como parte de su proceso de Certificación como Líder en Comunicación Humana. Iniciaba su reintegro laboral poco a poco, y apenas empezando su sesión ya me compartía una primera lección reveladora: aquella entrega "urgente" que la llevó a su colapso había permanecido intacta durante mes y medio sin que la empresa se derrumbara. Ella agradeció haber dado el paso a nuestra formación en su momento, y ahora se aferraría a las herramientas de nuestro modelo de comunicación para entender qué la llevó a quemarse y cómo hacer las cosas mejor. Entonces, en lugar de permanecer en la pasividad, Lucía rearmó su mundo interior trabajando en su presupuesto de energía, su diario emocional y su esfera de poder.


